Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Seite 315
—Ana, querida… —La señora Jones está a mi lado.
Me incorporo rápidamente y me limpio las lágrimas de la cara.
—Lo he oído. Lo siento —me dice con cariño—. ¿Quieres una infusión o algo?
—Preferiría una copa de vino blanco.
La señora Jones se queda petrificada un segundo y entonces me acuerdo del bip. Ahora no puedo beber
alcohol. ¿O sí? Tengo que leer el folleto que me ha dado la doctora Greene.
—Te traeré una copa.
—La verdad es que prefiero una taza de té, por favor. —Me limpio la nariz y ella sonríe con amabilidad.
—Marchando esa taza de té. —Recoge los platos y se encamina a la cocina. La sigo y me encaramo a un
taburete. La observo mientras prepara el té.
Al poco pone una taza humeante delante de mí.
—¿Hay algo más que pueda prepararte, Ana?
—No, estoy bien, gracias.
—¿Seguro? No has comido mucho.
La miro.
—No tengo mucha hambre.
—Ana, necesitas comer. Ahora tienes que preocuparte por alguien más que por ti. Deja que te prepare
algo. ¿Qué te apetece? —Me mira esperanzada, pero la verdad es que no podría comer nada.
Mi marido acaba de largarse porque estoy embarazada, mi padre ha tenido un accidente de coche grave y
el zumbado de Jack Hyde me intenta hacer creer que fui yo la que le acosó sexualmente. De repente siento
una necesidad incontrolable de reír. ¡Mira lo que me has hecho, pequeño Bip! Me acaricio el vientre.
La señora Jones me sonríe con indulgencia.
—¿Sabes de cuánto estás? —me pregunta.
—De muy poco. De cuatro o cinco semanas, la doctora no está segura.
—Si no quieres comer, al menos