Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Página 314

Oh, mierda. —¿Te has olvidado de ponerte la inyección? Me quedo mirándole, incapaz de hablar. Joder, está furioso… muy furioso. —¡Dios, Ana! —Golpea la mesa con el puño, lo que me sobresalta. Después se levanta de repente y está a punto de tirar la silla—. Solo tenías que recordar una cosa, ¡una cosa! ¡Mierda! No me lo puedo creer, joder. ¿Cómo puedes ser tan estúpida? ¿Estúpida? Doy un respingo. Mierda. Quiero decirle que la inyección no ha funcionado, pero no encuentro las palabras. Bajo la mirada a mi dedos. —Lo siento —le susurro. —¿Que lo sientes? ¡Joder! —Sé que no es el mejor momento… —¡El mejor momento! —grita—. Nos conocemos desde hace algo así como cinco putos minutos. Quería enseñarte el mundo entero y ahora… ¡Joder! ¡Pañales, vómitos y mierda! —Cierra los ojos. Creo que está intentando controlar su ira, pero obviamente pierde la batalla—. ¿Se te olvidó? Dímelo. ¿O lo has hecho a propósito? —Sus ojos echan chispas y la furia emana de él como un campo de fuerza. —No —susurro. No le puedo decir lo de Hannah porque la despediría. —¡Pensaba que teníamos un acuerdo sobre eso! —grita. —Lo sé. Lo teníamos. Lo siento. Me ignora. —Es precisamente por eso. Por esto me gusta el control. Para que la mierda no se cruce en mi camino y lo joda todo. No… mi pequeño Bip. —Christian, por favor, no me grites. —Las lágrimas comienzan a caer por mi cara. —No empieces con lágrimas ahora —me dice—. Joder. —Se pasa una mano por el pelo y se tira de él—. ¿Crees que estoy preparado para ser padre? —Se le quiebra la voz en una mezcla de rabia y pánico. Y todo queda claro y entiendo el miedo y el arrebato de odio que veo en sus ojos abiertos como platos: es la rabia de un adolescente impotente. Oh, Cincuenta, lo siento mucho. También ha sido un shock para mí… —Ya sé que ninguno de los dos está preparado para esto, pero creo que vas a ser un padre maravilloso — digo con la voz ahogada—. Ya nos las arreglaremos. —¿Cómo coño lo sabes? —me grita, esta vez más alto—. ¡Dime! ¿Cómo? —Sus ojos arden y un sinfín de emociones le cruzan la cara rápidamente, aunque el miedo es la más destacada de ellas—. ¡Oh, a la mierda! —grita Christian desdeñosamente y levanta las manos en un gesto de derrota. Me da la espalda y se encamina al vestíbulo, cogiendo su chaqueta cuando sale del salón. Oigo el eco de sus pasos por el suelo de madera y le veo desaparecer por las puertas dobles que llevan al vestíbulo. El portazo que da al salir me sobresalta de nuevo. Estoy sola con el silencio, el silencio quieto y vacío del salón. Me estremezco involuntariamente mientras miro sin expresión hacia las puertas cerradas. Se ha ido y me ha dejado aquí. ¡Mierda! Su reacción ha sido mucho peor de lo que había imaginado. Aparto mi plato y cruzo los brazos sobre la mesa para apoyar la cabeza en ellos mientras sollozo.