Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Seite 292

condiciones. Ray tiene el mismo aspecto, solo que con más barba. Mi madre se queda impresionada al verle y las dos lloramos un poco más. —Oh, Ray. Le aprieta la mano y le acaricia la cara y a mí me conmueve ver el amor que siente todavía por su ex marido. Me alegro de llevar pañuelos en el bolso. Nos sentamos a su lado y le cojo la mano a mi madre mientras ella coge la de Ray. —Ana, hubo un tiempo en que este hombre era el centro de mi mundo. El sol salía y se ponía con él. Siempre le querré. Te cuidó siempre tan bien… —Mamá… —Las palabras se me quedan atravesadas y ella me acaricia la cara y me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja. —Ya sabes que siempre querré a Ray. Pero nos distanciamos. —Suspira—. Y simplemente no podía vivir con él. —Se mira los dedos y me pregunto si estará pensando en Steve, el marido número tres, del que no hablamos. —Sé que quieres a Ray —le susurro, secándome los ojos—. Hoy le van a sacar del coma. —Es una buena noticia. Seguro que estará bien. Es un cabezota. Creo que tú aprendiste de él. Sonrío. —¿Has estado hablando con Christian? —¿Opina que eres una cabezota? —Eso creo. —Le diré que es un rasgo de familia. Se os ve muy bien juntos, Ana. Muy felices. —Lo somos, creo. O lo estamos consiguiendo. Le quiero. Él es el centro de mi mundo. El sol sale y se pone con él para mí también. —Y es obvio que él te adora, cariño. —Y yo le adoro a él. —Pues díselo. Los hombres necesitan oír esas cosas, igual que nosotras. Insisto en ir al aeropuerto con mamá y Bob para despedirme. Taylor nos sigue en el R8 y Christian conduce el todoterreno. Siento que no puedan quedarse más, pero tienen que volver a Savannah. Es un adiós lleno de lágrimas. —Cuida bien de ella, Bob —le susurro cuando me abraza. —Claro, Ana