Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 291
Cuando llega el momento del postre me traen una suntuosa tarta de chocolate con veintidós velas plateadas y
un coro desafinado que me dedica el «Cumpleaños feliz». Grace observa a Christian, que canta con los
demás amigos y familia, y sus ojos brillan de amor. Su mirada se cruza con la mía y me lanza un beso.
—Pide un deseo —me susurra Christian. Y con un solo soplido apago todas las velas, deseando con todas
mis fuerzas que mi padre se ponga bien: papá ponte bien, por favor, ponte bien. Te quiero mucho.
A medianoche, el señor Rodríguez y José se van.
—Muchas gracias por venir. —Le doy un fuerte abrazo a José.
—No me lo habría perdido por nada del mundo. Me alegro de que Ray esté mejorando.
—Sí. Tú, el señor Rodríguez y Ray tenéis que venir a Aspen a pescar con Christian.
—¿Sí? Suena bien. —José sonríe antes de ir en busca del abrigo de su padre y yo me agacho para
despedirme del señor Rodríguez.
—¿Sabes, Ana? Hubo un tiempo en que creí que… bueno, que tú y José… —Deja la frase sin terminar y
me observa con su mirada oscura intensa pero llena de cariño.
Oh, no…
—Le tengo mucho cariño a su hijo, señor Rodríguez, pero es como un hermano para mí.
—Habrías sido una nuera estupenda. O más bien lo eres: para los Grey. —Sonríe nostálgico y yo me
sonrojo.
—Espero que se conforme con ser un amigo.
—Claro. Tu marido es un buen hombre. Has elegido bien, Ana.
—Eso creo —le susurro—. Le quiero mucho. —Le doy un abrazo al señor Rodríguez.
—Trátale bien, Ana.
—Lo haré —le prometo.
Christian cierra la puerta de nuestra suite.
—Al fin solos —dice apoyándose contra la puerta mientras me observa.
Doy un paso hacia él y deslizo los dedos por las solapas de su chaqueta.
—Gracias por un cumpleaños maravilloso. Eres el marido más detallista, considerado y generoso que
existe.
—Ha sido un placer para mí.
—Sí… Un placer para ti… Vamos a ver si encontramos algo que te dé placer… —le susurro. Cierro los
dedos en sus solapas y tiro de él para acercar sus labios a los míos.
Tras un desayuno con la familia y amigos, abro los regalos, y después me despido cariñosamente de todos los
Grey y los Kavanagh que van a volver a Seattle en el Charlie Tango. Mi madre, Christian y yo vamos al
hospital con Taylor al volante, ya que los tres no cabemos en el R8. Bob no ha querido acompañarnos, y yo
me alegro secretamente. Sería muy raro, y seguro que a Ray no le gustaría que Bob le viera en esas