Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Página 279

18 y abro los ojos a una de M e revuelvoalmidonadas, necesito clara mañana paraseptiembre.yCalentita y cómoda, arropada entre sábanas limpias y un momento ubicarme me siento abrumada por una sensación de déjà vu. Claro, estoy en el Heathman. —¡Mierda! Papá… —exclamo en voz alta recordando por qué estoy en Portland. Se me retuerce el estómago por la aprensión y noto una opresión en el corazón, que además me late con fuerza. —Tranquila. —Christian está sentado en el borde de la cama. Me acaricia la mejilla con los nudillos y eso me calma instantáneamente—. He llamado a la UCI esta mañana. Ray ha pasado buena noche. Todo está bien —me dice para tranquilizarme. —Oh, bien. Gracias —murmuro a la vez que me siento. Se inclina y me da un beso en la frente. —Buenos días, Ana —me susurra y me besa en la sien. —Hola —murmuro. Christian está levantado y ya vestido con una camiseta negra y vaqueros. —Hola —me responde con los ojos tiernos y cálidos—. Quiero desearte un feliz cumpleaños, ¿te parece bien? Le dedico una sonrisa dudosa y le acaricio la mejilla. —Sí, claro. Gracias. Por todo. Arruga la frente. —¿Todo? —Todo. Por un momento parece confundido, pero es algo fugaz. Tiene los ojos muy abiertos por la anticipación. —Toma —me dice dándome una cajita exquisitamente envuelta con una tarjeta. A pesar de la preocupación que siento por mi padre, noto la ansiedad y el entusiasmo de Christian, y me contagia. Leo la tarjeta: Por todas nuestras primeras veces, felicidades por tu primer cumpleaños como mi amada esposa. Te quiero. C. x Oh, Dios mío, ¡qué dulce! —Yo también te quiero —le digo sonriéndole. Él también sonríe. —Ábrelo. Desenvuelvo el papel con cuidado para que no se rasgue y dentro encuentro una bonita caja de piel roja. Cartier. Ya me es familiar gracias a los pendientes de la segunda oportunidad y al reloj. Abro la caja poco a