Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Seite 273
—Gracias —le dice Christian. Levanto la vista justo en el momento en que ella se queda con la boca
abierta. Acaba de ver bien por primera vez a mi marido. No me importa. Puede mirar a Christian con la boca
abierta todo el tiempo que quiera si hace que mi padre vuelva a ponerse bien.
—¿Puede oírme? —le pregunto.
—Está en un estado de sueño profundo, pero ¿quién sabe?
—¿Puedo quedarme aquí sentada un rato?
—Claro. —Me sonríe con las mejillas sonrosadas por culpa de un rubor revelador. Incomprensiblemente
me encuentro pensando que el rubio no es su color natural de pelo.
Christian me mira ignorándola.
—Tengo que hacer una llamada. Estaré fuera. Te dejo unos minutos a solas con tu padre.
Asiento. Me da un beso en el pelo y sale de la habitación. Yo sigo cogiendo la mano de Ray, sorprendida
de la ironía de que ahora, cuando está inconsciente, es cuando más ganas tengo de decirle cuánto le quiero.
Ese hombre ha sido la única constante en mi vida. Mi roca. Y no me había dado cuenta de ello hasta ahora.
No es carne de mi carne, pero es mi padre y le quiero mucho. Las lágrimas vuelven a rodar por mis mejillas.
Por favor, por favor, ponte bien.
En voz muy baja, como para no molestar a nadie, le cuento cómo fue nuestro fin de semana en Aspen y el
fin de semana pasado volando y navegando a bordo del Grace. Le cuento cosas sobre la nueva casa, los
planos, nuestra esperanza de poder hacerla ecológicamente sostenible. Prometo llevarle a Aspen para que
pueda ir a pescar con Christian y le digo que el señor Rodríguez y José también serán bienvenidos allí. Por
favor, sigue en este mundo para poder hacer es