Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 274

Esto es la vida real sin paliativos, y ha pasado tanto tiempo manteniéndose al margen de esas cosas que ahora se encuentra expuesto e indefenso. Mi dulce y demasiado protegido Cincuenta Sombras… —Un baño. Me apetece un baño —murmuro sabiendo que mantenerle ocupado le hará sentir mejor, útil incluso. Oh, Christian… Estoy entumecida, helada y asustada, pero me alegro tanto de que estés aquí conmigo… —Un baño. Bien. Sí. —Entra en el dormitorio y desaparece de mi vista al entrar en el enorme baño. Unos momentos después el ruido del agua al salir por los grifos para llenar la bañera resuena en la habitación. Por fin consigo obligarme a seguirle al interior del dormitorio. Miro alucinada varias bolsas del centro comercial Nordstrom que hay sobre la cama. Christian sale del baño con las mangas de la camisa remangadas y sin chaqueta ni corbata. —He enviado a Taylor a por unas cuantas cosas. Ropa de dormir y todo eso —me dice mirándome con cautela. Claro. Asiento para hacerle sentir mejor. ¿Dónde está Taylor? —Oh, Ana —susurra Christian—. Nunca te he visto así. Normalmente eres tan fuerte y tan valiente… No sé qué decir. Solo puedo mirarle con los ojos muy abiertos. Ahora mismo no tengo nada que ofrecer. Creo que estoy en estado de shock. Me abrazo intentando mantener a raya al frío, aunque sé que es un esfuerzo inútil porque el frío sale de dentro. Christian me atrae hacia él y me abraza. —Nena, está vivo. Sus constantes vitales son buenas. Solo tenemos que ser pacientes —me dice en un susurro—. Ven. —Me coge la mano y me lleva al baño. Con mucha delicadeza me quita la chaqueta y la coloca en la silla del baño. Después empieza a desabrocharme los botones de la blusa. El agua está deliciosamente caliente y huele muy bien; el aroma de la flor de loto llena el aire húmedo y caldeado del baño. Estoy tumbada entre las piernas de Christian, con la espalda apoyada en su pecho y los pies descansando sobre los suyos. Los dos estamos callados e introspectivos y por fin entro en calor. Christian me va besando el pelo intermitentemente mientras yo jugueteo con las pompas de jabón. Me rodea los hombros con un brazo. —No te metiste en la bañera con Leila, ¿verdad? La vez que la bañaste, quiero decir… —le pregunto. Se queda muy quieto, ríe entre dientes y me da un suave apretón con la mano que descansa sobre mi hombro. —Mmm… no. —Suena atónito. —Eso me parecía. Bien. Me tira un poco del pelo, que tengo recogido en un moño improvisado, haciéndome girar la cabeza para que pueda verme la cara. —¿Por qué lo preguntas? Me encojo de hombros. —Curiosidad insana. No sé… Porque la hemos visto esta semana. Su expresión se endurece. —Ya veo. Pues preferiría que fueras menos curiosa. —Su tono es de reproche. —¿Cuánto tiempo vas a seguir apoyándola?