Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 265

—Claro. Buena suerte, Ana. Espero que esté bien. Le dedico una breve sonrisa tensa, esforzándome por mantener la compostura y salgo de la oficina. Hago todo lo que puedo por no ir corriendo hasta la recepción. Sawyer se levanta de un salto al verme llegar. —¿Señora Grey? —pregunta, confundido por mi repentina aparición. —Nos vamos a Portland. Ahora. —Sí, señora —dice frunciendo el ceño, pero abre la puerta. Nos estamos moviendo, eso es bueno. —Señora Grey —me dice Sawyer mientras nos apresuramos hacia del aparcamiento—, ¿puedo preguntarle por qué estamos haciendo este viaje imprevisto? —Es por mi padre. Ha tenido un accidente. —Entiendo. ¿Y lo sabe el señor Grey? —Le llamaré desde el coche. Sawyer asiente y me abre la puerta de atrás del Audi todoterreno para que suba. Con los dedos temblorosos cojo la BlackBerry y marco el número de Christian. —¿Sí, señora Grey? —La voz de Andrea es eficiente y profesional. —¿Está Christian? —le pregunto. —Mmm… Está en alguna parte del edificio, señora. Ha dejado la BlackBerry aquí cargando a mi cuidado. Gruño para mis adentros por la frustración. —¿Puedes decirle que le he llamado y que necesito hablar con él? Es urgente. —Puedo tratar de localizarle. Tiene la costumbre de desaparecer por aquí a veces. —Solo procura que me llame, por favor —le suplico intentando contener las lágrimas. —Claro, señora Grey. —Duda un momento—. ¿Va todo bien? —No —susurro porque no me fío de mi voz—. Por favor, que me llame. —Sí, señora. Cuelgo. Ya no puedo reprimir más mi angustia. Aprieto las rodillas contra el pecho y me hago un ovillo en el asiento de atrás. Las lágrimas aparecen inoportunamente y corren por mis mejillas. —¿Adónde en Portland exactamente, señora Grey? —me pregunta Sawyer. —Al OHSU —digo con voz ahogada—. Al hospital grande. Sawyer sale a la calle y se dirige a la interestatal 5. Yo me quedo sentada en el asiento de atrás repitiendo en mi mente una única plegaria: por favor, que esté bien; por favor, que esté bien… Suena mi teléfono. «Your Love Is King» me sobresalta e interrumpe mi mantra. —Christian —respondo con voz ahogada. —Dios, Ana. ¿Qué ocurre? —Es Ray… Ha tenido un accidente. —¡Mierda! —Sí, lo sé. Voy de camino a Portland. —¿Portland? Por favor dime que Sawyer está contigo. —Sí, va conduciendo. —¿Dónde está Ray?