Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 266
—En el OHSU.
Oigo una voz amortiguada por detrás.
—Sí, Ros. ¡Lo sé! —grita Christian enfadado—. Perdona, nena… Estaré allí dentro de unas tres horas.
Tengo aquí algo entre manos que necesito terminar. Iré en el helicóptero.
Oh, mierda. Charlie Tango vuelve a estar en funcionamiento y la última vez que Christian lo cogió…
—Tengo una reunión con unos tíos de Taiwan. No puedo dejar de asistir. Es un trato que llevamos meses
preparando.
¿Y por qué yo no sabía nada de eso?
—Iré en cuanto pueda.
—De acuerdo —le susurro. Y quiero decir que no pasa nada, que se quede en Seattle y se ocupe de sus
negocios, pero la verdad es que quiero que esté conmigo.
—Lo siento, nena —me susurra.
—Estaré bien, Christian. Tómate todo el tiempo que necesites. No tengas prisa. No quiero tener que
preocuparme por ti también. Ten cuidado en el vuelo.
—Lo tendré.
—Te quiero.
—Yo también te quiero, nena. Estaré ahí en cuanto pueda. Mantente cerca de Luke.
—Sí, no te preocupes.
—Luego te veo.
—Adiós.
Tras colgar vuelvo a abrazarme las rodillas. No sé nada de los negocios de Christian. ¿Qué demonios
estará haciendo con unos taiwaneses? Miro por la ventanilla cuando pasamos junto al aeropuerto
internacional King County/Boeing Field. Christian debe tener cuidado cuando vuele. Se me vuelve a hacer
un nudo el estómago y siento náuseas. Ray y Christian. No creo que mi corazón pudiera soportar eso. Me
acomodo en el asiento y empiezo de nuevo con mi mantra: por favor, que esté bien; por favor, que esté
bien…
—Señora Grey —la voz de Sawyer me sobresalta—, ya hemos llegado al hospital. Estoy buscando la zona
de urgencias.
—Yo sé dónde está. —Mi mente vuelve a mi última visita al hospital OHSU, cuando, en mi segundo día
de trabajo en Clayton’s, me caí de una escalera y me torcí el tobillo. Recuerdo a Paul Clayton cerniéndose
sobre mí y me estremezco ante ese imagen.
Sawyer se detiene en el espacio reservado al estacionamiento y salta del coche para abrirme la puerta.
—Voy a aparcar, señora, y luego vendré a buscarla. Deje aquí su maletín, yo se lo llevaré.
—Gracias, Luke.
Asiente y yo camino decidida hacia la recepción de urgencias, que está llena de gente. La recepcionista me
dedica una sonrisa educada y en unos minutos localiza a Ray y me manda a la zona de quirófanos de la
tercera planta.
¿Quirófanos? ¡Joder!