Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 213
mano, aunque «vestido» tal vez sea demasiado decir. No tiene espalda y es muy corto, pero Mia ha decidido
que es ideal y que es perfecto para bailar toda la noche. Por lo que se ve también necesito zapatos y un collar
llamativo; ahora vamos en su busca. Pongo los ojos en blanco y me alegro una vez más de la suerte que tengo
por contar con Caroline Acton, mi asesora personal de compras.
De repente veo a Elliot a través del escaparate. Ha aparecido al otro lado de la arbolada calle principal y
sale de un Audi grande. Entra en una tienda como para refugiarse de la lluvia. Parece una joyería… tal vez
sea haya ido a comparar la pila para su reloj. Sale a los pocos minutos. Pero ya no va solo: va con una mujer.
¡Joder! Es Gia. ¡Está hablando con Gia! ¿Qué demonios está haciendo ella aquí?
Mientras les observo, se dan un abrazo breve y ella echa atrás la cabeza para reírse animadamente de algo
que él ha dicho. Elliot le besa en la mejilla y después corre al coche que le espera. Ella se gira y baja por la
calle. Yo me quedo mirándola con la boca abierta. ¿De qué va eso? Me giro nerviosa hacia los probadores,
pero todavía no hay señales de Kate ni de Mia. Después me fijo en Taylor, que sigue esperando en el exterior
de la tienda. Ve que le estoy mirando y se encoge de hombros. Él también ha presenciado ese breve
encuentro. Me ruborizo, avergonzada porque me han pillado espiando. Me vuelvo y Kate y Mia emergen del
probador, ambas riendo. Kate me mira inquisitiva.
—¿Qué pasa, Ana? —me pregunta—. ¿Te has echado atrás con lo del vestido? Estás sensacional con él.
—Mmm… No.
—¿Estás bien? —Kate abre mucho los ojos.
—Estoy bien, ¿pagamos? —Me encamino a la caja, donde me uno a Mia, que ha elegido dos faldas.
—Buenas tardes, señora. —La joven dependienta (que lleva más brillo en los labios del que yo he visto en
mi vida reunido en un solo sitio) me sonríe—. Son ochocientos cincuenta dólares.
¿Qué? ¿Por este trozo de tela? Parpadeo y le doy dócilmente mi American Express negra.
—Gracias, señora Grey —canturrea la señorita Brillo de Labios.
Durante las dos horas siguientes sigo a Kate y a Mia totalmente aturdida,