Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 212

—Me da igual —miento. La mirada de Kate se cruza con la mía y vocaliza la palabra «compras». Veo que quiere hablar—. Me parece bien ir de compras —digo sonriéndoles a Kate y a Mia. Christian sonríe burlón. Sabe que no me gusta nada ir de compras. —Yo me quedo aquí contigo, si quieres —me dice y algo oscuro se despereza en mi interior al oír su tono. —No, tú vete a pescar —le respondo. Christian necesita pasar un tiempo con los chicos. —Parece que tenemos un plan —concluye Kate levantándose de la mesa. —Taylor os acompañará —dice Christian y es una orden que no admite discusión. —No necesitamos niñera —le responde Kate rotundamente, tan directa como siempre. Yo le pongo la mano en el brazo a Kate. —Kate, es mejor que venga Taylor. Ella frunce el ceño, después se encoge de hombros y por una vez se muerde la lengua. Le sonrío tímidamente a Christian. Su expresión permanece impasible. Oh, no… Espero que no se haya enfadado con Kate. Elliot frunce el ceño. —Necesito ir a la ciudad a por una pila para mi reloj de pulsera. —Le lanza una mirada a Kate y se ruboriza un poco, pero ella no se da cuenta porque le está ignorando a propósito. —Llévate el Audi, Elliot. Nos iremos a pescar cuando vuelvas —le dice Christian. —Sí —responde Elliot, pero parece distraído—. Buen plan. —Aquí. —Mia me agarra del brazo y me arrastra al interior de una boutique de diseño con seda rosa por todas partes y muebles rústicos envejecidos de aire francés. Kate nos sigue mientras Taylor espera fuera, refugiándose de la lluvia bajo el toldo. Se oye a Aretha Franklin cantar «Say a Little Prayer» en el hilo musical de la tienda. Me encanta esta canción. Tengo que grabársela a Christian en el iPod. —Este vestido te quedaría genial, Ana. —Mia me enseña una tela plateada—. Toma, pruébatelo. —Mmm… es un poco corto. —Te va a quedar fantástico. Y a Christian le va a encantar. —¿Tú crees? Mia me sonríe. —Ana, tienes unas piernas de muerte y si esta noche vamos a ir de discotecas —sonríe antes de dar el golpe de gracia—, con esto volverás loco a tu marido. La miro y parpadeo un poco, perpleja. ¿Vamos a ir de discotecas? Yo no voy a discotecas. Kate se ríe al ver mi expresión. Parece más relajada ahora que no está con Elliot. —Deberíamos salir a bailar esta noche, sí —apoya Kate. —Ve y pruébatelo —me ordena Mia y yo me encamino al probador a regañadientes. Mientras espero a que Kate y Mia salgan del probador, me acerco al escaparate y miro afuera, al otro lado de la calle principal, sin prestar mucha atención. Las canciones de soul continúan: ahora Dionne Warwick canta «Walk on By», otra canción fabulosa y una de las favoritas de mi madre. Miro el vestido que tengo en la