Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 214
—Kate, ¿qué tal os va a ti y a Elliot? —le pregunto.
Sus ojos azules se clavan en los míos. Oh, no… Niega con la cabeza.
—No quiero hablar de eso ahora —dice señalando a Mia con la cabeza—, pero las cosas están… —Kate
deja la frase sin terminar.
Esto no es propio de la Kate tenaz que yo conozco. Mierda. Sabía que estaba pasando algo. ¿Le digo lo
que he visto? Pero ¿qué he visto? Elliot y la señorita Depredadora-Sexual-Bien-Arreglada hablando, dándose
un abrazo y un beso en la mejilla. Seguro que no es más que un encuentro de viejos amigos. No, no se lo voy
a decir. Al menos no ahora. Asiento con una expresión que dice «lo entiendo perfectamente y voy a respetar
tu privacidad». Ella me coge la mano y le da un apretón agradecido. Veo un destello de sufrimiento y dolor
en sus ojos, pero ella lo oculta rápidamente con un parpadeo. De repente me siento muy protectora con mi
mejor amiga. ¿A qué demonios está jugando Elliot, el gigolo, Grey?
Cuando volvemos a la casa, Kate decide que nos merecemos unos cócteles después de nuestra tarde de
compras y nos hace unos daiquiris de fresa. Nos acomodamos en los sofás del salón, delante del fuego
encendido.
—Elliot ha estado un poco distante últimamente —me susurra Kate, mirando las llamas. Kate y yo por fin
hemos encontrado un momento para estar a solas mientras Mia guarda sus compras.
—¿Ah, sí?
—Creo que tengo problemas por haberte metido en problemas a ti.
—¿Te has enterado de eso?
—Sí. Christian llamó a Elliot y Elliot a mí.
Pongo los ojos en blanco. Oh, Cincuenta, Cincuenta, Cincuenta…
—Lo siento. Christian es muy… protector. ¿No has visto a Elliot desde el día que salimos a tomar
cócteles?
—No.
—Oh.
—Me gusta mucho, Ana —me confiesa. Y durante un horrible momento pienso que va a llorar. Esto no es
propio de Kate. ¿Significará esto la vuelta del pijama rosa? Kate me mira—. Me he enamorado de él. Al
principio creía que era solo el sexo, que es genial. Pero es encantador y amable y tierno y divertido. Nos veo
envejeciendo juntos con, ya sabes… hijos, nietos… todo.
—El «fueron felices y comieron perdices» —le susurro.
Asiente con tristeza.
—Creo que deberías hablar con él. Busca un momento para estar solos y descubre qué le preocupa.
O quién, me recuerda mi subconsciente. La aparto de un manotazo, sorprendida de lo rebeldes que son mis
propios pensamientos.
—¿Por qué no vais a dar un paseo mañana por la mañana?
—Ya veremos.
—Kate, no me gusta nada verte así.
Me sonríe un poco y me acerco para abrazarla. Decido no contarle lo de Gia, aunque puede que le