Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 177

11 boca se aún más A h, ¿me has estado esperando? —le pregunto en un susurro. La significa?me seca enfadado?y el corazón amenaza con salírseme del pecho. ¿Por qué va vestido así? ¿Qué ¿Sigue —Sí. —Su voz es muy suave y sonríe mientras se acerca a mí. Está muy guapo, con los vaqueros colgándole de las caderas de esa forma… Oh, no, no me voy a dejar distraer. Intento averiguar cuál es su estado de ánimo mientras se acerca. ¿Enfadado? ¿Juguetón? ¿Lujurioso? ¡Ah! Es imposible saberlo. —Me gustan tus vaqueros —le digo. Me dedica esa sonrisa depredadora que me desarma pero no le alcanza los ojos. Mierda, sigue enfadado. Lleva esa ropa para distraerme. Se queda parado delante de mí y noto su intensidad abrasadora. Me mira con los ojos muy abiertos pero impenetrables. Su mirada, fija en la mía, arde. Trago saliva. —Creo que tiene algún problema, señora Grey —me dice con voz sedosa y saca algo del bolsillo de atrás de los vaqueros. No puedo apartar mis ojos de los suyos pero oigo que desdobla un papel. Me lo muestra; le echo un vistazo rápido y reconozco mi correo. Vuelvo a mirarle y sus ojos sueltan chispas de furia. —Sí, tengo algunos problemas —susurro casi sin aliento. Necesito distancia si vamos a hablar de esto. Pero antes de que pueda apartarme, él se inclina y me acaricia la nariz con la suya. Sin darme cuenta cierro los ojos, agradeciendo ese inesperado contacto tan tierno. —Yo también —dice contra mi piel y yo abro los ojos al oírle decir eso. Se aparta, vuelve a erguirse y de nuevo me mira con intensidad. —Creo que conozco bien tus problemas, Christian. —Hay ironía en mi voz y él entorna los ojos para ocultar la diversión que ha aparecido en ellos momentáneamente. ¿Vamos a pelear? Doy un paso atrás para prepararme. Tengo que establecer una distancia física con él: con su olor, su mirada y su cuerpo que me distrae con esos vaqueros. Frunce el ceño y se aparta. —¿Por qué volviste de Nueva York? —le pregunto directamente. Acabemos con esto cuando antes. —Ya sabes por qué. —Su tono es de clara advertencia. —¿Porque salí con Kate? —Porque no cumpliste tu palabra y me desafiaste, exponiéndote a un riesgo innecesario. —¿Que no cumplí mi palabra? ¿Así es como lo ves? —exclamo ignorando el resto de la frase. —Sí. Madre mía. Hablando de reacciones exageradas… Empiezo a poner los ojos en blanco pero paro al ver que me mira con el ceño fruncido. —Christian, cambié de idea —le explico lentamente, con paciencia, como si fuera un niño—. Soy una mujer. Es muy normal en las mujeres cambiar de opinión. Lo hacemos constantemente. Parpadea como si no comprendiera lo que acabo de decir. —Si se me hubiera ocurrido que ibas a cancelar tu viaje por eso… —Me faltan las palabras y me doy