Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 139
—Es tarde —dice Christian mientras me acaricia metódicamente la espalda con los dedos.
—Y tú sigues necesitando un corte de pelo.
Ríe.
—Cierto, señora Grey. ¿Tiene energía suficiente para acabar lo que ha empezado?
—Por usted, señor Grey, cualquier cosa. —Le doy otro beso en el pecho y me levanto a regañadientes.
—Un momento. —Me coge de las caderas y me gira. Me baja la falda y me la desabrocha para después
dejarla caer al suelo. Me tiende la mano, yo se la cojo y salgo de la falda. Ahora solo llevo puestas las medias
y el liguero—. Es usted una visión espectacular, señora Grey. —Se apoya en el respaldo de la silla y cruza los
brazos mientras me mira de arriba abajo.
Yo doy una vuelta para que él me vea.
—Dios, soy un hijo de puta con suerte —dice con admiración.
—Sí que lo eres.
Sonríe.
—Ponte mi camisa para cortarme el pelo. Así como estás ahora me distraes y no conseguiríamos llegar a la
cama hoy.
No puedo evitar sonreír. Como sé que está observando todos mis movimientos, voy pavoneándome hasta
donde dejamos mis zapatos y su camisa. Me agacho despacio, cojo la camisa, la huelo (mmm…) y después
me la pongo. Christian me mira con los ojos muy abiertos. Se ha vuelto a abrochar la bragueta y me está
contemplando atentamente.
—Menudo espectáculo, señora Grey.
—¿Tenemos tijeras? —le pregunto con aire inocente, agitando las pestañas.
—En mi estudio —me dice.
—Voy en su busca. —Le dejo allí, entro en el dormitorio y cojo el peine de mi tocador antes de
encaminarme a su estudio.
Cuando entro en el pasillo, advierto que la puerta del despacho de Taylor está abierta. La señora Jones está
de pie junto al umbral. Me quedo parada como si hubiera echado raíces. Taylor le está acariciando la cara con
los dedos y sonriéndole dulcemente. Entonces se inclina y le da un beso.
Vaya… ¿Taylor y la señora Jones? Me quedo con la boca abierta por el asombro. Bueno, yo creía… La
verdad es que sospechaba algo. ¡Pero ahora es obvio que están juntos! Me sonrojo porque me siento como
una voyeur y por fin consigo que mis pies vuelvan a echar a andar. Cruzo corriendo el salón y entro en el
estudio de Christian. Enciendo la luz y voy hasta su escritorio. Taylor y la señora Jones… ¡Vaya! Mi mente
va a mil por hora. Siempre he pensado que la señora Jones era mayor que Taylor. Oh, tampoco es tan difícil
de entender… Abro el cajón de arriba de la mesa y me distraigo inmediatamente: dentro hay un arma.
¡Christian tiene un arma!
Un revólver. Dios mío… No tenía ni idea de que Christian tuviera un arma. Lo saco, abro el tambor y lo
examino. Está cargado pero es ligero, muy ligero. Debe de ser de fibra de carbono. ¿Por qué puede querer
tener Christian un arma? Oh, espero que sepa usarla. Me vienen a la mente las advertencias constantes de Ray
sobre las armas de fuego (nunca olvidó su entrenamiento militar): «Esto te puede matar, Ana. Siempre que
cojas un arma de fuego debes saber cómo usarla». Devuelvo el arma al cajón y busco las tijeras. Las cojo y