Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Página 138

otra vez, a su ritmo, su tempo caliente y resbaladizo. —¡Ah! —gimo indefensa dentro de su boca y me dejo llevar. —Sí, Ana, sí… —dice entre dientes y yo le cubro la cara de besos: en la barbilla, en la mandíbula, en el cuello…—. Nena… —jadea y vuelve a atrapar mi boca. —Oh, Christian, te quiero. Siempre te querré. —Estoy sin aliento, pero quiero que lo sepa, que esté seguro de mí después de todas nuestras peleas de hoy. Gime y me abraza con fuerza, abandonándose al clímax con un sollozo lastimero. Y eso es justo lo que necesitaba para volver a llevarme al borde del abismo: le rodeo el cuello con los brazos y me dejo ir con él en mi interior. Tengo los ojos llenos de lágrimas porque lo quiero muchísimo. —Oye… —me susurra agarrándome la barbilla para echarme atrás la cabeza y mirándome preocupado—. ¿Por qué lloras? ¿Te he hecho daño? —No —le digo para tranquilizarle. Me aparta el pelo de la cara y me seca una lágrima con el pulgar a la vez que me besa tiernamente en los labios. Sigue dentro de mí. Cambia de postura y yo hago una mueca cuando sale. —¿Qué te pasa, Ana? Dímelo. Sorbo por la nariz. —Es que… Es solo que a veces me abruma darme cuenta de cuánto te quiero —le confieso. Él me sonríe con esa sonrisa tímida tan especial que 7&V