Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 137
hacer algo… —Me pone la mano en la cintura—. Ponte de pie —me dice en voz baja y yo ya sé lo que va a
hacer.
Me pongo de pie; ya no me tiemblan las piernas.
—Y ahora de rodillas.
Hago lo que me pide y me arrodillo sobre el frío suelo de baldosas del baño. Se acerca al borde del asiento.
—Bésame —me pide sujetándose la erección con la mano. Le miro y advierto que se está pasando la
lengua por los dientes superiores. Es excitante, muy excitante ver su deseo, su deseo desnudo por mí y por mi
boca. Me acerco sin dejar de mirarle y le doy un beso en la punta del pene en erección. Veo como inhala con
fuerza y aprieta los dientes. Christian me coge la cabeza con la mano y yo le paso la lengua por la punta para
saborear una gotita de semen que hay en el extremo.
Mmm… sabe bien. Abre más la boca para poder respirar por ella cuando yo me lanzo sobre él,
metiéndomelo en la boca y chupando con fuerza.
—Ah…
Suelta el aire entre los dientes apretados y proyecta la cadera hacia delante, empujando dentro de mi boca.
Pero eso no me hace parar. Me cubro los dientes con los labios y bajo para después subir. Me coloca la otra
mano en la cabeza para agarrármela por ambos lados, enreda los dedos en mi pelo y lentamente va entrando y
saliendo de mi boca. Su respiración se acelera y se hace cada vez más trabajosa. Rodeo la punta con la lengua
y después me lo vuelvo a meter todo en la boca en perfecto contrapunto a su movimiento.
—Dios, Ana. —Suspira y aprieta los párpados. Se está perdiendo y verle así se me sube a la cabeza. Es por
mí. Muy lentamente aparto los labios y lo que le roza ahora son mis dientes—. ¡Ah! —Christian deja de
moverse. Se agacha y me coge para volver a subirme a su regazo—. ¡Para! —gruñe.
Busca detrás de mí y me libera las manos con un simple tirón a las bragas. Flexiono las muñecas y miro por
debajo de las pestañas a unos ojos abrasadores que me devuelven la mirada con amor, necesidad y lujuria. Y
de repente me doy cuenta de que soy yo la que quiere follarle mil veces peor que el domingo. Le deseo con
todas mis fuerzas. Quiero verle correrse debajo de mí. Le cojo el pene y me acerco rápidamente a él. Coloco
mi otra mano sobre su hombro y muy despacio y con mucho cuidado le introduzco dentro de mí. Él emite un
sonido gutural y salvaje desde el fondo de la garganta y levantando los brazos me arranca la blusa y la deja
caer en el suelo. Sus manos pasan a mis caderas.
—Quieta —dice con voz ronza y con las manos clavándose en mi carne—. Déjame saborear esto, por
favor. Saborearte…
Me quedo quieta. Oh, Dios… Me siento tan bien con él dentro de mí. Me acaricia la cara mirándome con
los ojos muy abiertos y salvajes y los labios separados. Se mueve debajo de mí y yo gimo y cierro los ojos.
—Este es mi lugar favorito —me susurra—. Dentro de ti. Dentro de mi mujer.
Oh, joder, Christian. No puedo aguantar más. Deslizo los dedos entre su pelo mojado, mis labios buscan
los suyos y empiezo a moverme. Arriba y abajo, poniéndome de puntillas… saboreándole, saboreándome. Él
gime fuerte y noto sus manos en mi pelo y en mi espalda y su lengua invadiendo mi boca ávidamente,
cogiéndolo todo y yo dándoselo encantada. Después de todas las discusiones del día, de mi frustración con él
y la suya conmigo, al menos todavía tenemos esto. Siempre tendremos esto. Le quiero tanto que es casi
demasiado. Baja las manos hasta colocarlas en mi culo para controlar mi movimiento, arriba y abajo, una y