Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Página 135
excitante. Me rodea la cintura con las manos y me desplaza para que quede sentada un poco más atrás en su
regazo. Le cae agua por el cuello y por el pecho. Quiero agacharme y lamerle las gotas que resbalan, pero
atada como estoy resulta difícil.
Christian me acaricia los dos muslos y baja las manos hasta mis rodillas. Suavemente me las separa un
poco más y abre un espacio entre las suyas para que quede encajada en esa posición. Sus dedos empiezan a
ocuparse de mi blusa.
—No creo que vayamos a necesitar esto —dice y empieza a desabrochar mecánicamente los botones de la
blusa húmeda que tengo pegada al cuerpo.
No aparta su mirada de la mía. Se toma su tiempo en la tarea y sus ojos se oscurecen cada vez más según
se acerca al final. El pulso se me acelera y mi respiración se vuelve superficial. No me lo puedo creer. Casi no
me ha tocado y ya estoy así: excitada, necesitada… preparada. Quiero retorcerme. Me deja la blusa húmeda
abierta. Me acaricia la cara con las dos manos y su pulgar me roza el labio inferior. De repente me mete el
pulgar en la boca.
—Chupa —me ordena poniendo énfasis en la CH. Cierro la boca alrededor del dedo y hago exactamente
lo que me ha pedido. Oh, me gusta este juego. Sabe bien. ¿Qué otra cosa podría chuparle? Los músculos de
mi vientre se tensan solo de pensarlo. Él abre los labios cuando le rozo con los dientes y después le muerdo la
yema del pulgar.
Gime, saca lentamente el pulgar húmedo de mi boca y lo baja por la barbilla, la garganta y el esternón.
Engancha con él una de las copas de mi sujetador y tira de ella hacia abajo, liberando mi pecho.
Su mirada nunca se separa de la mía. Está observando todas las reacciones que su contacto provoca en mí
y yo le observo a él. Es muy excitante. Devorador. Posesivo. Me encanta. Empieza a hacer lo mismo con la
otra mano, de forma que en un segundo tengo ambos pechos libres. Me cubre los dos con las manos y me
pasa los pulgares sobre los pezones rodeándolos muy lentamente, provocándolos y excitándolos hasta que los
dos se endurecen y se dilatan por su hábil contacto. Intento con todas mis fuerzas no moverme, pero parece
que mis pezones están conectados con mi entrepierna y no puedo evitar gemir y echar atrás la cabeza hasta
que finalmente cierro los ojos y me rindo a esa tortura tan dulce.
—Chis… —El sonido que emite Christian está en total contradicción con sus caricias y el ritmo constante y
sostenido de sus diestros dedos—. Quieta, nena, quieta…
Deja un pecho y me coloca la mano extendida sobre la nuca. Se inclina hacia delante, se mete en la boca el
pezón que acaba de descuidar su mano y lo chupa con fuerza. Su pelo mojado me hace cosquillas. Al mismo
tiempo deja de acariciar el otro pezón y en su lugar lo coge entre el pulgar y el índice y lo gira suavemente y
después tira.
—¡Ah! ¡Christian! —gimo y siento que mi cadera da una sacudida. Pero él no se detiene. Sigue con su
provocación lenta, pausada y desesperante. Mi cuerpo empieza a arder cuando el placer me invade.
—Christian, por favor —gimo.
—Mmm… —ronronea—. Quiero que te corras así. —Mi pezón logra un respiro mientras sus palabras me
acarician la piel. Es como si estuviera dirigiéndose a una parte profunda y oscura de mi mente que solo él
conoce. Cuando retoma lo que estaba haciendo, con los dientes esta vez, el placer es casi intolerable. Gimo
muy alto, me revuelvo en su regazo e intento lograr algo de fricción contra sus pantalones. Tiro de las bragas