Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 134

Agacha la cabeza y me pasa el pelo mojado por la parte delantera de la blusa. Me retuerzo e intento zafarme, pero él me agarra más fuerte. —Oh, no, no te escaparás, nena. —Cuando levanta la cabeza sonriéndome travieso me he convertido en Miss Camiseta Mojada 2011. Tengo la blusa empapada y se me transparenta todo. Estoy mojada… por todas partes—. Me encanta esta vista —susurra y se agacha para rodearme una y otra vez un pezón con la nariz. Me retuerzo—. Respóndeme, Ana. ¿Aquí o en el dormitorio? —Aquí —le susurro ansiosa. A la mierda el corte de pelo… Ya se lo haré luego. Sonríe lentamente; sus labios se curvan en una sonrisa sensual llena de una promesa lasciva. —Buena elección, señora Grey —dice junto a mis labios. Me suelta la barbilla y baja la mano hasta mi rodilla. Después la desliza sin dificultad por mi pierna, subiéndome la falda y acariciándome la piel, lo que me provoca un cosquilleo. Me va recorriendo la línea de la mandíbula desde la base de la oreja sin dejar de besarme. —Vamos a ver, ¿qué te voy a hacer? —me susurra. Detiene los dedos en el principio de mis medias—. Me gusta esto —me dice y mete un dedo bajo la media y la va rodeando hasta llegar a la parte interior del muslo. Doy un respingo y vuelvo a retorcerme en su regazo. Él gruñe desde el fondo de su garganta. —Te voy a follar mil veces peor que el domingo. Pero tienes que quedarte quieta. —Oblígame —le desafío con la voz grave y jadeante. Christian inhala con fuerza. Entorna los ojos y me mira con una expresión excitada y los párpados entrecerrados. —Oh, señora Grey, solo tiene que pedirlo. —Su mano pasa de la parte de arriba de las medias a mis bragas —. Vamos a quitarte esto. —Tira un poco y yo me muevo para ayudarle. Deja escapar el aire entre los dientes apretados cuando lo hago—. Quieta —me ordena. —Te estoy ayudando… —me defiendo con un mohín y él me muerde el labio inferior. —Quieta —repite con voz ronca. Me baja las bragas por las piernas y me las quita. Me sube la falda hasta que queda toda arrugada en mis caderas. Después me coge de la cintura con las dos manos y me levanta. Todavía tiene mis bragas en la mano. —Siéntate. A horcajadas —me ordena mirándome intensamente a los ojos. Hago lo que me pide; me quedo a horcajadas sobre él y le miro provocativa. ¡Vamos a por ello, Cincuenta! —Señora Grey —me dice en un tono de advertencia—, ¿pretende incitarme? —Me mira divertido pero a la vez excitado. Es una combinación muy seductora. —Sí, ¿qué vas a hacer al respecto? Sus ojos se encienden con un placer lujurioso ante mi desafío y yo empiezo a notar su erección debajo de mí. —Junta las manos detrás de la espalda. ¡Oh! Obedezco y él me ata las manos con mis bragas con V