Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | страница 133

que he sido yo quien ha logrado ese cambio. —Levanta la cabeza —le ordeno y él obedece. Mmm… Cualquier mujer se podría acostumbrar a esto. Le froto con la espuma la parte de atrás de la cabeza, rascándole con las uñas—. Atrás otra vez. Vuelve a colocarse y le aclaro el champú con ayuda del vaso. Esta vez consigo no salpicarle la cara. —¿Otra vez? —le pregunto. —Por favor. —Abre los ojos y su mirada serena se encuentra con la mía. Le sonrío. —Ahora mismo, señor Grey. Me voy al lavabo que normalmente usa Christian y lo lleno de agua templada. —Para aclararte —le digo cuando me mira intrigado. Repito el proceso con el champú mientras escucho su respiración regular y profunda. Cuando tiene la cabeza cubierta de espuma, me tomo otro momento para contemplar el delicado rostro de mi marido. No me puedo resistir. Le acaricio la mejilla tiernamente y él abre los ojos para observarme, casi adormilado, a través de sus largas pestañas. Me inclino y le doy un beso suave y casto en los labios. Él sonríe, cierra los ojos y deja escapar un suspiro de total satisfacción. ¿Quién iba a creer que después de nuestra discusión de esta tarde podría estar ahora tan relajado? Y sin sexo… Me inclino más sobre él. —Mmm… —murmura encantado cuando le rozo la cara con los pechos. Conteniendo las ganas de sacudirme, quito el tapón para que se vaya el agua llena de espuma. Él me pone las manos en la cadera y después las desliza hasta mi culo. —No se manosea al servicio —le digo fingiendo desaprobación. —No te olvides de que estoy sordo —dice con los ojos todavía cerrados mientras me baja las manos por el culo y empieza a subirme la falda. Le doy un manotazo en el brazo. Me lo estoy pasando bien jugando a la peluquería. Sonríe con una gran sonrisa infantil, como si le hubiera pillado haciendo algo de lo que en el fondo se sintiera orgulloso. Cojo el vaso otra vez, pero ahora utilizo el agua del otro lavabo para aclararle el champú del pelo. Sigo inclinada sobre él, que no me aparta las manos del culo y mueve los dedos de un lado a otro, de arriba abajo, otra vez de un lado a otro… Mmmm… Me contoneo un poco. Él gruñe desde el fondo de la garganta. —Ya está. Todo aclarado. —Bien —dice. Sus dedos me aprietan el culo y se incorpora en el asiento con el pelo mojado goteándole por todo el cuerpo. Tira de mí para sentarme en su regazo y sus manos suben desde mi culo hasta la nuca. Después pasan a mi barbilla para mantenerme quieta. De repente doy un respingo al notar sus labios sobre los míos y su lengua caliente y dura dentro de mi boca. Entierro los dedos entre su pelo mojado y empieza a resbalar agua por mis brazos. Su pelo me cubre la cara. Su mano baja de mi barbilla al primer botón de mi blusa—. Ya vale de tanto acicalamiento. Quiero follarte mil veces peor que el domingo y podemos hacerlo aquí o en el dormitorio. Tú decides. Los ojos de Christian lanzan llamaradas, calientes y llenos de promesas, y su pelo nos está mojando a los dos. Se me seca la boca. —¿Dónde va a ser, Anastasia? —me pregunta todavía sujetándome en su regazo. —Estás mojado —le respondo.