Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 114

vida sin tener que enfrentarme al descontento que expresan en voz baja mis compañeros cuando no les oigo. Me tapo la cara con las manos solo para romper el contacto visual con él. —¿Por qué es tan importante para ti? —le pregunto, desesperada por intentar aplacar su crispación. Le miro y tiene una expresión impasible, sus ojos brillantes ya no comunican nada; su dolor anterior ha quedado oculto. Pero mientras hago la pregunta me doy cuenta de que en el fondo sé muy bien la respuesta sin que me la diga. —Quiero que todo el mundo sepa que eres mía. —Soy tuya, mira —le digo levantando la mano izquierda y mostrándole los anillos de boda y de compromiso. —Eso no es suficiente. —¿No es suficiente que me haya casado contigo? —le pregunto con un hilo de voz. Parpadea al ver el horror en mi cara. ¿Qué puedo decirle? ¿Qué más puedo hacer? —No quería decir eso —se disculpa y se pasa la mano por su pelo demasiado largo de forma que le cae sobre la frente. —¿Y qué querías decir? Traga saliva. —Quiero que tu mundo empiece y acabe conmigo —me dice con la expresión dura. Lo que acaba de enunciar me desconcierta totalmente. Es como si me hubiera dado un puñetazo fuerte en el estómago, haciéndome daño y dejándome sin aire. Y la imagen que me viene a la mente es la de un niño pequeño asustado, con el pelo cobrizo, los ojos grises y la ropa sucia, arrugada y que no es de su talla. —Pero si así es… —le contesto sin pensarlo porque es la verdad—. Pero estoy intentando forjarme una carrera y no quiero utilizar tu nombre para eso. Tengo que hacer algo, Christian. No puedo quedarme encerrada en el Escala o en la casa nueva sin nada que hacer. Me volvería loca. Me asfixiaría. He trabajado toda mi vida y esto me gusta. Es el trabajo con el que soñaba, el que siempre había deseado. Pero que mantenga este trabajo no significa que te quiera menos. Tú eres lo más importante para mí. —Se me cierra la garganta y se me llenan los ojos de lágrimas. No, aquí no… Me repito una y otra vez en mi cabeza: No voy a llorar. No voy a llorar. Se me queda mirando sin decir nada. Después frunce el ceño, como si estuviera reflexionando sobre lo que he dicho. —¿Yo te asfixio? —me pregunta con la voz lúgubre, y es como un eco de lo que me ha preguntado antes. —No… sí… no. —Qué conversación más irritante. Y además es algo que preferiría no tener que hablar aquí. Cierro los ojos y me froto la frente intentando descubrir cómo hemos llegado a esto—. Estamos hablando de mi apellido. Quiero mantener mi apellido porque quiero marcar una distancia entre tú y yo… Pero solo en el trabajo, solo aquí. Ya sabes que todo el mundo cree que he conseguido el empleo por ti, cuando en realidad no es… —Me interrumpo en seco cuando sus ojos se abren mucho. Oh, no… ¿Ha sido por él? —¿Quieres saber por qué conseguiste el trabajo, Anastasia? ¿Anastasia? Mierda. —¿Qué? ¿Qué quieres decir?