Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 113

—¡Adelante! —digo demasiado alto. Hannah abre la puerta. Lleva una bandeja: jarrita de leche, azucarero, café en cafetera francesa… Se ha tomado muchas molestias. Coloca la bandeja en mi mesa. —Gracias, Hannah —le digo avergonzada de haberle gritado. —¿Necesita algo más, señor Grey? —le pregunta con la voz entrecortada. Estoy a punto de poner los ojos en blanco. —No, gracias, eso es todo. —Le sonríe con esa sonrisa brillante y arrebatadora que haría que a cualquier mujer se le cayeran las bragas. Ella se ruboriza y sale con una sonrisita tonta en los labios. Christian vuelve a centrar su atención en mí. —Vamos a ver, «señorita» Steele, ¿dónde estábamos? —Estabas interrumpiendo mi trabajo de una forma muy maleducada para pelear por mi apellido. Christian parpadea. Está sorprendido, supongo que por la vehemencia que ha notado en mi voz. Con mucho cuidado se quita una pelusa invisible de la rodilla con sus largos y hábiles dedos. Es una distracción. Lo está haciendo a propósito. Entorno los ojos al mirarle. —Me gusta hacer visitas sorpresa. Mantiene a la dirección siempre alerta y a las esposas en su lugar. Ya sabes… —Se encoge de hombros con una expresión arrogante. ¡A las esposas en su lugar! —No sabía que tuvieras tiempo para eso —le contesto. De repente su mirada es gélida. —¿Por qué no te quieres cambiar el apellido aquí? —pregunta con la voz mortalmente tranquila. —Christian, ¿tenemos que discutir eso ahora? —Ya que estoy aquí, no veo por qué no. —Tengo una tonelada de trabajo que hacer tras tres semanas de vacaciones. Su mirada sigue siendo fría y calculadora… distante incluso. Me asombra que pueda ser tan frío después de lo de anoche, de lo de las últimas tres semanas. Mierda. Tiene que estar hecho una furia, una verdadera furia. ¿Cuándo va a aprender a no sacar las cosas de quicio? —¿Te avergüenzas de mí? —me pregunta con f