Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 112

durante la semana. Me pone al día de los cotilleos de la oficina, de los que, teniendo en cuenta que he estado tres semanas fuera, estoy bastante desconectada. Mientras hablamos, alguien llama a la puerta. —Adelante. Roach abre la puerta y a su lado aparece Christian. Me quedo sin palabras momentáneamente. Christian me lanza una mirada abrasadora y entra. Después le sonríe educadamente a Hannah. —Hola, tú debes de ser Hannah. Yo soy Christian Grey —le dice. Hannah se apresura a ponerse de pie y le estrecha la mano. —Hola, señor Grey. Es un placer conocerle —balbucea mientras le estrecha la mano—. ¿Quiere que le traiga un café? —Sí, por favor —le pide amablemente. Hannah me mira con expresión asombrada y sale apresuradamente pasando al lado de Roach, que sigue mudo en el umbral de mi despacho. —Si nos disculpas, Roach, me gustaría hablar con la «señorita» Steele. —Christian alarga la S con cierto sarcasmo. Por eso ha venido… Oh, mierda. —Por supuesto, señor Grey. Ana —murmura Roach y cierra la puerta de mi despacho al salir. Por fin recupero el habla. —Señor Grey, qué alegría verle —le digo sonriéndole con demasiada dulzura. —«Señorita» Steele, ¿puedo sentarme? —La empresa es tuya —le digo señalando la silla que acaba de abandonar Hannah. —Sí. —Me sonríe con malicia, pero la sonrisa no le alcanza los ojos. Su tono es cortante. Echa chispas por la tensión; lo noto a mi alrededor. Joder. Se me cae el alma a los pies. —Tienes un despacho muy pequeño —me dice mientras se sienta a la mesa. —Está bien para mí. Me mira de forma neutral y me doy cuenta de que está furioso. Inspiro hondo. Esto no va a ser divertido. —¿Y qué puedo hacer por ti, Christian? —Estoy examinando mis activos. —¿Tus activos? ¿Todos? —Todos. Algunos necesitan un cambio de nombre. —¿Cambio de nombre? ¿Qué quieres decir con eso? —Creo que ya sabes a qué me refiero —dice con voz amenazadoramente tranquila. —No me digas que has interrumpido tu trabajo después de tres semanas fuera para venir aquí a pelear conmigo por mi apellido. ¡Yo no soy uno de tus activos! Se remueve en su asiento y cruza las piernas. —No a pelear exactamente. No. —Christian, estoy trabajando. —A mí me ha parecido que estabas cotilleando con tu ayudante. Me ruborizo. —Estábamos repasando los horarios —le respondo—. Y no me has contestado a la pregunta. Llaman a la puerta.