Literatura BDSM Cincuenta sombras de Grey ( E.L. James ) | Page 469

Me encojo levemente de hombros, como disculpándome. Él cierra los ojos, frustrado, y se pasa la mano por el pelo. —Por favor, Ana, deja que Taylor te lleve a casa. —Iré a buscar el coche, señorita Steel —anuncia Taylor en tono autoritario. Christian le hace un gesto con la cabeza, y cuando me giro hacia él, ya ha desaparecido. Me vuelvo a mirar a Christian. Estamos a menos de metro y medio de distancia. Avanza e, instintivamente, yo retrocedo. Se detiene y la angustia de su expresión es palpable; los ojos le arden. —No quiero que te vayas —murmura con voz anhelante. —No puedo quedarme. Sé lo que quiero y tú no puedes dármelo, y yo tampoco puedo darte lo que tú quieres. Da otro paso hacia delante y yo levanto las manos. —No, por favor. —Me aparto de él. No pienso permitirle que me toque ahora, eso me mataría—. No puedo seguir con esto. Cojo la maleta y la mochila y me dirijo al vestíbulo. Me sigue, manteniendo una distancia prudencial. Pulsa el botón de llamada del ascensor y se abre la puerta. Entro. —Adiós, Christian —murmuro. —Adiós, Ana —dice a media voz, y su aspecto es el de un hombre completamente destrozado, un hombre inmensamente dolido, algo que refleja cómo me siento por dentro. Aparto la mirada de él antes de que pueda cambiar de opinión e intente consolarlo. Se cierran las puertas del ascensor, que me lleva hasta las entrañas del sótano y de mi propio infierno personal. Taylor me sostiene la puerta y entro en la parte de atrás del coche. Evito el contacto visual. El bochorno y la vergüenza se apoderan de mí. Soy un fracaso total. Confiaba en arrastrar a mi Cincuenta Sombras a la luz, pero la tarea ha resultado estar más allá de mis escasas habilidades. Intento con todas mis fuerzas mantener a raya mis emociones. Mientras salimos a Fourth Avenue, miro sin ver por la ventanilla, y la enormidad de lo que acabo de hacer se abate poco a poco sobre mí. Mierda… lo he dejado. Al único hombre al que he amado en mi vida. El único