Literatura BDSM Cincuenta sombras de Grey ( E.L. James ) | Page 468
—No, Christian. Las acepté a regañadientes, y ya no las quiero.
—Ana, sé razonable —me reprende, incluso ahora.
—No quiero nada que me recuerde a ti. Solo necesito el dinero que le dieron a
Taylor por mi coche —repito con voz monótona.
Se me queda mirando.
—¿Intentas hacerme daño de verdad?
—No. —Lo miro ceñuda. Claro que no.…Yo te quiero—. No. Solo intento
protegerme —susurro.
Porque tú no me quieres como te quiero yo.
—Ana, quédate esas cosas, por favor.
—Christian, no quiero discutir. Solo necesito el dinero.
Entorna los ojos, pero ya no me intimida. Bueno, solo un poco. Lo miro
impasible, sin pestañear ni acobardarme.
—¿Te vale un cheque? —dice mordaz.
—Sí. Creo que podré fiarme.
Christian no sonríe, se limita a dar media vuelta y meterse en su estudio. Echo
un último vistazo detenido al piso, a los cuadros de las paredes, todos abstractos,
serenos, modernos… fríos incluso. Muy propio, pienso distraída. Mis ojos se
dirigen hacia el piano. Mierda… si hubiera cerrado la boca, habríamos hecho el
amor encima del piano. No, habríamos follado encima del piano. Bueno, yo habría
hecho el amor. La idea se impone con tristeza en mi pensamiento y en lo que
queda de mi corazón. Él nunca me ha hecho el amor, ¿no? Para él siempre ha sido
follar.
Vuelve y me entrega un sobre.
—Taylor consiguió un buen precio. Es un clásico. Se lo puedes preguntar a él. Te
llevará a casa.
Señala con la cabeza por encima de mi hombro. Me vuelvo y veo a Taylor en el
umbral de la puerta, trajeado e impecable como siempre.
—No hace falta. Puedo irme sola a casa, gracias.
Me vuelvo para mirar a Christian y veo en sus ojos la furia apenas contenida.
—¿Me vas a desafiar en todo?
—¿Por qué voy a cambiar mi manera de ser?