Literatura BDSM Cincuenta sombras de Grey ( E.L. James ) | Página 460
Se pasa la mano por el pelo y se encoge de hombros.
—Porque lo necesito. —Hace una pausa y me mira angustiado; luego cierra los
ojos y niega con la cabeza—. No te lo puedo decir —susurra.
—¿No puedes o no quieres?
—No quiero.
—Entonces sabes por qué.
—Sí.
—Pero no me lo quieres decir.
—Si te lo digo, saldrás corriendo de aquí y no querrás volver nunca más. —Me
mira con cautela—. No puedo correr ese riesgo, Anastasia.
—Quieres que me quede.
—Más de lo que puedas imaginar. No podría soportar perderte.
Oh, Dios.
Me mira y, de pronto, me estrecha en sus brazos y me besa apasionadamente.
Me pilla completamente por sorpresa, y percibo en ese beso su pánico y su
desesperación.
—No me dejes. Me dijiste en sueños que nunca me dejarías y me rogaste que
nunca te dejara yo a ti —me susurra a los labios.
Vaya… mis confesiones nocturnas.
—No quiero irme.
Se me encoge el corazón, como si se volviera del revés.
Este hombre me necesita. Su temor es obvio y manifiesto, pero está perdido… en
algún lugar en su oscuridad. Su mirada es la de un hombre asustado, triste y
torturado. Yo puedo aliviarlo, acompañarlo momentáneamente en su oscuridad y
llevarlo hacia la luz.
—Enséñamelo —le susurro.
—¿El qué?
—Enséñame cuánto puede doler.
—¿Qué?
—Castígame. Quiero saber lo malo que puede llegar a ser.
Christian se aparta de mí, completamente confundido.