Literatura BDSM Cincuenta sombras de Grey ( E.L. James ) | Page 461
—¿Lo intentarías?
—Sí. Te dije que lo haría.
Pero mi motivo es otro. Si hago esto por él, quizá me deje tocarlo.
Me mira extrañado.
—Ana, me confundes.
—Yo también estoy confundida. Intento entender todo esto. Así sabremos los
dos, de una vez por todas, si puedo seguir con esto o no. Si yo puedo, quizá tú…
Mis propias palabras me traicionan y él me mira espantado. Sabe que me refiero
a lo de tocarlo. Por un instante, parece consternado, pero entonces asoma a su
rostro una expresión resuelta, frunce los ojos y me mira especulativo, como
sopesando las alternativas.
De repente me agarra con fuerza por el brazo, da media vuelta, me saca del
salón y me lleva arriba, al cuarto de juegos. Placer y dolor, premio y castigo… sus
palabras de hace ya tanto tiempo resuenan en mi cabeza.
—Te voy a enseñar lo malo que puede llegar a ser y así te decides. —Se detiene
junto a la puerta—. ¿Estás preparada para esto?
Asiento, decidida, y me siento algo mareada y débil al tiempo que palidezco.
Abre la puerta y, sin soltarme el brazo, coge lo que parece un cinturón del
colgador de al lado de la puerta, antes de llevarme al banco de cuero rojo del fondo
de la habitación.
—Inclínate sobre el banco —me susurra.
Vale. Puedo con esto. Me inclino sobre el cuero suave y mullido. Me ha dejado
quedarme con el albornoz puesto. En algún rincón silencioso de mi cerebro, estoy
vagamente sorprendida de que no me lo haya hecho quitar. Maldita sea, esto me
va a doler, lo sé.
—Estamos aquí porque tú has accedido, Anastasia. Además, has huido de mí.
Te voy a pegar seis veces y tú vas a contarlas conmigo.
¿Por qué no lo hace ya de una vez? Siempre tiene que montar el numerito
cuando me castiga. Pongo los ojos en blanco, consciente de que no me ve.
Levanta el bajo del albornoz y, no sé bien por qué, eso me resulta más íntimo
que ir desnuda. Me acaricia el trasero suavemente, pasando la mano caliente por
ambas nalgas hasta el principio de los muslos.
—Hago esto para que recuerdes que no debes huir de mí, y, por excitante que
sea, no quiero que vuelvas a hacerlo nunca más —susurra.