Literatura BDSM Cincuenta sombras de Grey ( E.L. James ) | Page 459
No debo confiarme demasiado, me repito a modo de mantra. Mi subconsciente
se ha puesto las Nike y se ha colocado ya en los tacos de salida.
—Cualquiera diría que no quieres que te pille.
—No quiero. De eso se trata. Para mí lo del castigo es como para ti el que te
toque.
Su actitud cambia por completo en un nanosegundo. Se acabó el Christian
juguetón; me mira fijamente como si acabara de darle un bofetón. Se ha puesto
blanco.
—¿Eso es lo que sientes? —susurra.
Esas cinco palabras y la forma en que las pronuncia me dicen muchísimo. De él
y de cómo se siente. De sus temores y sus aversiones. Frunzo el ceño. No, yo no me
siento tan mal. Para nada. ¿O sí?
—No. No me afecta tanto; es para que te hagas una idea —murmuro, mirándolo
angustiada.
—Ah —dice.
Mierda. Lo veo total y absolutamente perdido, como si hubiera tirado de la
alfombra bajo sus pies.
Respiro hondo, rodeo la mesa, me planto delante de él y lo miro a los ojos, ahora
inquietos.
—¿Tanto lo odias? —dice, aterrado.
—Bueno… no —lo tranquilizo. Dios… ¿eso es lo que siente cuando lo tocan?—.
No. No lo tengo muy claro. No es que me guste, pero tampoco lo odio.
—Pero anoche, en el cuarto de juegos, parecía…
—Lo hago por ti, Christian, porque tú lo necesitas. Yo no. Anoche no me hiciste
daño. El contexto era muy distinto, y eso puedo racionalizarlo a nivel íntimo,
porque confío en ti. Sin embargo, cuando quieres castigarme, me preocupa que me
hagas daño.
Los ojos se le oscurecen, como presos de una terrible tormenta interior. Pasa un
rato antes de que responda a media voz:
—Yo quiero hacerte daño, pero no quiero provocarte un dolor que no seas capaz
de soportar.
¡Dios!
—¿Por qué?