LIMASHUM Nº 45 45-LIM-REDES | Seite 17

los presentes, escrutando a cada uno de ellos, luego continuó— lamento lo que pasó en la ma- ñana. —Fue mi culpa —dijo ella mientras se acercaba a él para abrazarlo, debía desahogar el miedo y frustración que sentía en ese instante; al hacerlo sintió cómo una paz y armonía invadía su cuerpo. Se sentía bien y así quería seguir. Luego volvió en sí— estaba furiosa, fue la furia la que me hizo acelerar y no pensar en nada más. Ya después no lo pude controlar —continuó, luego calló, y en el silencio se oyeron murmullos inintendibles. Después de un breve silencio con- tinuó—, estoy tranquila sabes, no lo lamento ahora , pero quisiera saber porque te escondiste en la maletera del auto. —Te lo diré mañana —respondió con de- mora— después de nuestro entierro. CUENTO Raúl A. Poma Sierra UN CUENTO DE AMOR EN TRES PARTES “…solo espero haber elegido la religión correcta” Epitafio escrito en algún lugar I E l día de su matrimonio, ellos fueron feli- ces y querían seguir siéndolo, aunque por momentos temían por el nuevo reto al que se enfrentaban; aún así lo aceptaron. Ya solo tenían el resto de su vida por perder. Él la esperaba en la puerta de la iglesia, era una ceremonia sencilla con pocos invitados. Ella se caracterizaba por su puntualidad, pero ahora tardaba, aunque no era una situación en la que antes él se hubiera alarmado; ahora lo estaba, se- ría un insulto que no llegase, pues era muy orgu- lloso. Aún conservaba los nervios y la tensión que era generada por la impaciencia, cuando de manera súbita apareció su auto. Sabía que ella estaba ahí y olvidándose en ese momento de las personas a su alrededor, se concentró en ella y en el auto que aunque no era un porsche estaba de- corado elegantemente de tal modo que él se sin- tió orgulloso. El vestido tenía un bordado de pedrería con un gran escote en la espalda, la falda con un gran volumen era arrastrado como una gran cola “¡Qué hermosa es!” pensó y al acercarse no pudo evitar estar nervioso. Después se de los votos ellos se habían ca- sado. (Te juraré amor eterno, estaré contigo por siempre, aunque más adelante existan problemas estaré ahí incluso cuando los hijos que tengamos nos abandonen, y así volveremos a unir nuestras soledades y estaremos Felices por siempre.) Ese día ellos fueron felices. II José Pérez se había convertido en poco tiempo en una persona importante en la empresa donde trabajaba, aunque no llegaba a tener un gran sueldo. Se sentía bendecido por su trabajo estable y por los 4 días de la semana que laborara ya que así podía estar los días restantes con su esposa. Pasaban los días y la felicidad de su matri- monio no peligraba. Ellos seguían siendo felices. Ese día la lluvia caía incesable. José advir- tió peligro pero después lo ignoró. Era un día la- borable para él; la caótica ciudad llamaba nueva- mente a ser parte de una rutina de desorden, bu- lla y mugre, que tanto José como su esposa odia- ban. Días como éste eran pocos, pero al Página 17