los presentes, escrutando a cada uno de ellos,
luego continuó— lamento lo que pasó en la ma-
ñana.
—Fue mi culpa —dijo ella mientras se
acercaba a él para abrazarlo, debía desahogar el
miedo y frustración que sentía en ese instante; al
hacerlo sintió cómo una paz y armonía invadía
su cuerpo. Se sentía bien y así quería seguir.
Luego volvió en sí— estaba furiosa, fue la furia
la que me hizo acelerar y no pensar en nada más.
Ya después no lo pude controlar —continuó,
luego calló, y en el silencio se oyeron murmullos
inintendibles. Después de un breve silencio con-
tinuó—, estoy tranquila sabes, no lo lamento
ahora , pero quisiera saber porque te escondiste
en la maletera del auto.
—Te lo diré mañana —respondió con de-
mora— después de nuestro entierro.
CUENTO
Raúl A. Poma Sierra
UN CUENTO DE AMOR EN TRES PARTES
“…solo espero haber elegido la religión correcta”
Epitafio escrito en algún lugar
I
E
l día de su matrimonio, ellos fueron feli-
ces y querían seguir siéndolo, aunque por
momentos temían por el nuevo reto al
que se enfrentaban; aún así lo aceptaron. Ya solo
tenían el resto de su vida por perder.
Él la esperaba en la puerta de la iglesia, era
una ceremonia sencilla con pocos invitados. Ella
se caracterizaba por su puntualidad, pero ahora
tardaba, aunque no era una situación en la que
antes él se hubiera alarmado; ahora lo estaba, se-
ría un insulto que no llegase, pues era muy orgu-
lloso. Aún conservaba los nervios y la tensión
que era generada por la impaciencia, cuando de
manera súbita apareció su auto. Sabía que ella
estaba ahí y olvidándose en ese momento de las
personas a su alrededor, se concentró en ella y en
el auto que aunque no era un porsche estaba de-
corado elegantemente de tal modo que él se sin-
tió orgulloso.
El vestido tenía un bordado de pedrería
con un gran escote en la espalda, la falda con un
gran volumen era arrastrado como una gran cola
“¡Qué hermosa es!” pensó y al acercarse no pudo
evitar estar nervioso.
Después se de los votos ellos se habían ca-
sado.
(Te juraré amor eterno, estaré contigo por
siempre, aunque más adelante existan problemas
estaré ahí incluso cuando los hijos que tengamos
nos abandonen, y así volveremos a unir nuestras
soledades y estaremos Felices por siempre.)
Ese día ellos fueron felices.
II
José Pérez se había convertido en poco
tiempo en una persona importante en la empresa
donde trabajaba, aunque no llegaba a tener un
gran sueldo. Se sentía bendecido por su trabajo
estable y por los 4 días de la semana que laborara
ya que así podía estar los días restantes con su
esposa.
Pasaban los días y la felicidad de su matri-
monio no peligraba. Ellos seguían siendo felices.
Ese día la lluvia caía incesable. José advir-
tió peligro pero después lo ignoró. Era un día la-
borable para él; la caótica ciudad llamaba nueva-
mente a ser parte de una rutina de desorden, bu-
lla y mugre, que tanto José como su esposa odia-
ban. Días como éste eran pocos, pero al
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