Libros Comunión de Gracia La Resurrección: Una Promesa Cumplida | Page 10

La Resurrección: Una Promesa Cumplida La Tumba Vacía: Una gran promesa cumplida Cada año el mundo cristiano celebra uno de los hechos más significativos de la vida: la muerte y resurrección de Jesús, el Hijo encarnado de Dios. La Muerte y Resurrección de Jesucristo marcó el inicio de una nueva vida para la humanidad: ser los Hijos Amados de Dios por siempre. Por su carga emotiva y trágica, resalta el hecho de la pasión y muerte de Jesús. Tal vez por esto no tomamos en cuenta otro aspecto no menos importante, sino que complementa todo un suceso cósmico: la esencia misma del evangelio, el cumplimiento del Plan de Dios iniciado en el principio, es un hito en la eter- nidad; dicho suceso es por sí mismo lo que culmina lo anunciado por las Escrituras en Juan 3:16-17: “»Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él”, me refiero a la resurrección de Jesús. Quienes hemos leído la Biblia y sentido la revelación del Espíritu Santo, sa- bemos que la resurrección de Jesús fue profetizada en muchos pasajes de la Escritura; entendemos el hecho de que Jesús estuvo tres días en la tumba, de acuerdo con la señal del profeta Jonás, que el Hijo de Dios no puede morir porque es eterno; sin embargo, quiero subrayar algunos aspectos evidencia- dos y relacionados con la resurrección. Dios creó a la humanidad desde el principio, con un propósito cósmico y eterno: la inclusión en su unidad. “Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos. Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo”. (Efesios 1:4-5) 10