Historia de alto vuelo
Se conocieron un once de enero de 2013. María, gerenta en relaciones públicas, muy bonita en términos generales, con cabellos ondulados y sueltos como el viento, ojos color café, muy profundos, por cierto. Si hubieran visto su mirada al sol, podrían haber apreciado con claridad la profundidad de su alma. Sus manos suaves y dedos largos como si fueran los de una pianista profesional, de piel blanca como la nieve, una boca pequeña pero peligrosa, y sus treinta y cinco años con un corto, pero elegante vestido azul. Preparada para realizar su primer viaje de negocios como representante directa de su empresa, para llegar al aeropuerto de la ciudad de los Ángeles. Eric era piloto comercial, corpulento, alto y macizo como una roca, con unos ojos verdes despampanantes, una delicada y cálida sonrisa y un gran sentido del humor. Tenía cuarenta años recién cumplidos. Estaba entusiasmado porque iba a volar por primera vez como piloto comercial.
Ambos vivían realidades, tiempos, rutinas y hábitos diferentes. Además de que tanto María como Eric tuvieron experiencias difíciles en el amor, y ninguno de los dos tenía planeado enamorarse ni mucho menos pensar en una convivencia, solos estaban bien.
Una vez todo preparado, y ya listos para partir, cada uno se acomodó en su sitio en el avión, y solamente había que esperar llegar a tierra. Después de pasar horas en el aire, el avión aterrizó en el aeropuerto de los Ángeles. María, cansada y con prisa para descansar, sin perder más tiempo, recogió sus pertenencias y fue rumbo al hotel. Por el otro extremo, estaba Eric, realmente agotado, terminaba de pasar la guardia de control y todo lo que estaba relacionado con el vuelo. Rápidamente buscó su maleta de viaje, paró un taxi en la puerta del aeropuerto y le indicó al conductor dónde iba a bajar. María llegó primero al hotel y se anunció en la recepción, al cabo de quince minutos llegó Eric, estaban los dos parados a solamente centímetros de distancia. A ella se le cayó un papel al suelo, y él educadamente se lo recogió y se lo entregó en la mano. Aquella mujer con vestido azul le agradeció y se le escapó una sonrisa, ese gesto dio lugar a que a él también se le escapara otra. Después de diez minutos lentos, de haberse mirado y sonreído, él la invitó a disfrutar un buen café americano con crema, por supuesto ella aceptó. Ese momento dio pie a muchos encuentros. Esto hizo que ambos renunciaran a esa antigua idea de elegir estar solos, sin un amor. Ese día, esa situación los había marcado a los dos, porque allí comenzó un romance tan intenso como un café expreso intenso.
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