Libro digital 1 TOMO-5 | Page 77

EL IMPERIO INCAICO 49 cúpulas principales, los rojos tejados, la campiña austera y callada y las onduladas líneas de los cerros circundantes. Sostengo por eso que allí quedarían muy en su ambiente las imágenes de Manco y de OdIo, ocupando el lugar en que hoy se levanta la gran cruz de piedra. Como fidelidad histórica (de la muy relativa a que en este asunto puede aspirarse) la cúspide del Huanacauri, aventajará seguramente a todos los sitios propuestos: pero hablar de tal emplazamiento es ocioso y absurdo, por su lejanía del Cuzco. Lo propio sucede con Matagua y Hua- naypata de Collasuyo, primeros asientos del supremo clan incaico en el valle de Huatanay, según el itinerario de la fábula. La situación en la plaza de Santo Domingo o junto al beaterio de Ahuacpinta, lugares que también se con- formarían con los más probables datos, sería deslucidísi- ma. Habiendo, pues, que apartarse de la cabal adecuación arqueológica, inasequible casi, quedan para la opción (de- sechada la Plaza Mayor por su triste aspecto presente, de muy cara enmienda) la cima del Sacsayhuaman y el anden de Collcampata; y repito que en el Sacsayhuaman no se- ría admisible sino un coloso de muchos metros de altura. Respecto a la fortaleza propiamente dicha, a la vertiente que no ve el Cuzco, es excusado tratar de ella por esta razón. Lo único que allí sentaría bien, para el feliz tiem- po en que pueda el Perú darse el lujo de multiplicar las estatuas (pero las estatuas buenas, que siempre cuestan bastante, y no baratas insignificancias o mamarrachos), sería un Cahuide de bulto. Para preparar la instalación del monumento en Coll- campata, juzgo, recordando mis sensaciones de viaje, que sólo habría que gastar en componer las subidas por las calles de San Cristóbal, El Purgatorio, Pumapurco y la Amargura; y al borde de la explanada, construir un simple parapeto de cantería, macizo, sin vanos ni adornos, que reñirían con la sobriedad del estilo incaico. Algunas ban-