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JosÉ
DE LA RIVA-AGÜERO
lenguas fuera de América, según podría advertirse hasta
en el éuskaro o vascuense de España.
Las lenguas de América son muy parecidas entre sí
en gramática, estructura o morfología. No son tampoco
muy diferentes en fonética. Eso sí, se apartan mucho en
vocabulario. Por ello y por su extraordinaria diseminación
en dialectos, como que no bajarán de mil a mil doscien-
tos, no puede con facilidad establecerse su vínculo de de-
rivación de la cuna asiática, ni siquiera su orden o pre-
cedencia dentro de América misma; efectos ambos de lo
muy antiguo de las emigraciones, y del aislamiento en
que vivieron las diversas tribus, por las distancias en el
área inmensa; por la falta de escritura en casi todas las
regiones americanas; y, hasta en las poquísimas que, co-
mo Méjico, la alcanzaron, por lo tardío y defectuoso de
su convencionalismosemifonético, todo lo cual explica la
enorme variabilidad lingüística americana.
Viniendo ahora directamente a mi tema, al propio te-
rreno peruano, diré que la primera lengua indígena en la
serie cronológica, la primera de la cual se conservan ves-
tigios en el Perú, así en la Costa como en la Sierra, es la
puquina, de la cual vienen a ser no más que variedades
o dialectos las de los uros en el altiplanicie del Titijaja,
y las de los changos, indios pescadores que vivían en el
litoral de Cobija y Antofagasta. La identidad de estas len-
guas de los puquinas, uros y changos ha sido demostra-
da por los trabajos lingüísticos de los americanistas fran-
ceses Rivet y el Marqués de Créqui-Montfort. Todos
aquellos pueblos citados pertenecían filológica y étnica-
mente a la extensa familia arahuaca, difundida por el
norte de la América del Sur y que ocupó las Antillas
hasta la península de la Florida inclusive, hacia donde la
empujaba, cuando la conquista castellana, la invasión de
los caribes. Qiere decir esto que la lengua uru-puquina
en el Perú corresponde a la primera uniforme cultura,