—Yo no recuerdo eso —dijo enfadado cuando todo se hubo desvanecido. Se encontraba de nuevo frente al libro en la caverna, furioso—. Entonces es peor de lo que creía, la que no me quería era ella. Mi madre me abandonó.
—Deja de culpar a los demás de lo que te pasa, son entes separados de ti y no pueden herirte a menos que tú lo permitas. En realidad, el que se hace daño eres tú mismo cuando los otros no cumplen tus expectativas o no hacen lo que esperas que hagan. Los demás son libres, al igual que tú, de hacer y de creer lo que quieran; por lo tanto, nadie te puede hacer sufrir si tú no quieres. Eres el dueño de tu vida y de tus pensamientos. Tú elegiste que te afectara la muerte de tu madre, a pesar de que siempre supiste que fue su decisión y que nada tuvo que ver con el cariño que sentía por ti. Tú elegiste el camino de las sombras y, por muy mala o buena que fuera esa decisión, la tomaste solito.
—No, ellos me obligaron a hacerlo, ellos me abandonaron, yo no quería eso para mí —negó, a la vez que le enseñaba los harapos con los que se vestía.
—Hace un rato dijiste que ellos no te juzgaban, que por eso te habías ido con ellos.
—Y es verdad, me ofrecieron un lugar entre ellos.
—Entonces no fue tan mala esa decisión, ¿verdad?
—Mi destino estaba marcado.
—Ningún destino está marcado. Siempre hay una elección. Y siempre hay elecciones buenas y malas, el caso es si sabes perdonarte a ti mismo por las cosas buenas o malas que has elegido. Porque castigarte no va a servir de nada.
—Yo no me estoy castigando.
—Bueno, si tú lo dices… Habitas en tinieblas, sin luz natural. Vives con miedo a los demás y sin amor. No me extraña que estés enfadado con el mundo. Tienes una gran herida en el costado y no te la has lavado siquiera. Está bien que seas inmortal, pero al menos deberías cuidarte un poco, ya que estarás contigo mismo mucho tiempo, toda una eternidad.
—Mira, libro, me estás cansando —dijo el orco en un tono agresivo—. Yo tengo mi tesoro y eso es lo único que me importa.
—Si al menos eso te hiciera feliz… Pero te esclaviza. Las riquezas son objetos y aun así te poseen, porque lo permites y eres esclavo de ellas. Vives a su merced. Te aislaste del mundo por conservarlas y no las utilizas para nada. Aquí, en la oscuridad, no son más que obstáculos en tu camino. Por tu miedo has dejado que objetos inanimados tengan poder sobre ti. ¿Y aún piensas que los demás son culpables de lo que te pasa?