Libre Fantasía Mayo 2017 | Page 23

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―Gracias por salvarme. Esos magos estaban furiosos. Se aprovechan de que nosotros no podemos convertirnos ―comentó Greg como para cambiar de tema.

―Lo hice por la misión ―respondió Aldo, dolido y se levantó.

Greg miró el cielo y frunció el ceño al vislumbrar las primeras estrellas:

―No nos queda mucho tiempo.

―No… Andando.

Comenzaron a ascender la ladera con habilidad, evitando caer rodando como las rocas que pisaban. De pronto, Aldo, que iba delante, se detuvo y aspiró el aire. Cuando encontró el olor que buscaba, gruñó furioso y estrujó los puños.

―Yo también siento su asqueroso hedor. Están cerca. Esos malditos pajarracos ―agregó Greg, también iracundo.

―Si no fuera por su asquerosa arma ―se lamentó Aldo, deseoso de enfrentar a sus enemigos, pero sabía que la misión era lo primordial

―Malditos cobardes. Pajarracos hediondos.

Ambos continuaron el ascenso por la ladera. Sabían que ya no podían volverse. Eran la última esperanza de su manada. Pero a pesar de la urgencia de esa misión, Aldo no podía dejar de pensar en la persona que venía detrás de él.

<<¿Por qué tuvo que suceder?>>, se preguntó haciendo esfuerzos para no mirar a Greg y que sus ojos delataran sus dudas. Es que quería perdonarlo. Lo extrañaba tanto. Nunca otro podría despertar ese fuego como Greg. Quizás podría darle una última oportunidad; pero de pronto, con un sobresalto, percibió el fuego que quemaba de la pulsera mágica. Y una sombra de odio se apoderó de su alma. Ahora solo podía tener malos sentimientos por Greg. Todo era culpa de él y se merecía sufrir.

―Yo no iré a la manada de Dimitri ―comentó Aldo como de pasada.

Con el rostro rojo como un tomate debido al esfuerzo, Greg se detuvo y abrió la boca sorprendido:

―¿Por qué?

―Lo sabes, Gregorio ―respondió Aldo con desprecio. Luego, sin observarlo siquiera, continuó escalando.

Greg también reemprendió el ascenso, pero con la desesperación grabada en su rostro.