LETRINA
Número 8
Septiembre 2016
comiéramos nada aún, para no estropear nuestro apetito, y primero
tomáramos un aperitivo.
Mi amiga está muy contenta de haberte conocido, me dijo sonriendo,
luego de un par de tragos. Yo no soy bueno para las mujeres, le
respondí. Esto pareció desanimarlo. Yo no quería robarle las energías
que raramente mostraba ni que se sumergiera a ese mundo problemático.
Así que agregué: Pero a mí también me ha gustado conocerla. Entonces
sonrió de nuevo. Debería comprar una casa aquí para venir a vacacionar,
agregué y por primera vez se emocionó. Esa es buena idea, dijo. Conozco
el lugar perfecto y sería una inversión inteligente, podrías contratar
a un par de campesinos y tener una pequeña granja. Si te gustan los
animales...
Pero antes de que continuara, en el horizonte empezó a verse una
lluvia de estrellas.
Ahí está, dijo Efrén. ¿Cómo supiste? Pregunté asombrado. Tuve un
presentimiento. En su expresión infantil podía adivinarse la sensación
de triunfo y con suspicacia insistí. ¿Tuviste un presentimiento? Calló
unos segundos y, viéndome fijamente, se carcajeó y dijo: No tenía idea
de que esto sucedería. Reímos y noté la cercanía que había aparecido
entre nosotros.
¿Y qué se hace aquí en el tiempo libre?... Me refiero, ¿qué haces
tú? Pregunté, relajando mi espalda sobre el respaldo de la silla.
Cazar. Matar ciervos, aves, incluso puedes importar tus animales de
otros lados, soltarlos y perseguirlos. Qué hábito tan salvaje, dije
en tono no creíble mostrando la poca importancia que le daba a ese
tema.
Su celular sonó y lo sacó sin dejar de sonreír, como si tuviera más
cosas que contarme y estuviera a punto de hacerlo. Atendió la llamada
y por menos de un minuto se limitó a escuchar. La expresión de su
rostro fue transformándose, primero en seriedad y luego a una figura
angustiada. Colgó sin despedirse. Arrugó la frente y clavó la mirada
al suelo. Su cara tomó un tono rojizo por contenerse, lo que para mí
evidenció una rabia y desesperación que reprimía. Dejó el teléfono
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