LETRINA SEPTIEMBRE Corregido | Page 62

LETRINA Número 8 Septiembre 2016
sobre la mesa, se levantó pidiendo permiso con una voz débil y se dirigió hacia el baño. Quise decir algo, pero desconocía cuál era el problema y eran tan pocos los lazos entre nosotros que cualquier palabra habría sonado ridícula.
El teléfono volvió a sonar y a vibrar, anunciando que había recibido un mensaje escrito. El aparato estaba boca abajo y yo deseaba saber lo que sucedía, pero no me atreví a levantarlo. Llegó el mesero y me preguntó si se me ofrecía otro trago. Le dije que no y se marchó. El teléfono volvió a vibrar dos veces más, mientras que a la distancia noté que Efrén había salido del baño y de manera mecánica y un poco tambaleante se secaba las manos. Debía actuar rápido si quería enterarme, pero me quedé inmóvil. Efrén llegó, se sentó, tomó el aparato, leyó de pasada y lo apagó. Nos quedamos callados. Ahí, en esa terraza, como dos bloques de hielo derritiéndose debajo de una que otra estrella que todavía pasaba y se extinguía. El cerro era demasiado oscuro y el sonido de la naturaleza era ensordecedor. Él apretaba el teléfono en su mano izquierda y movía su pierna de ansiedad.
Yo tenía la mejor... murmuré, pero no pude continuar al sentir que mi garganta se cerraba. Había pensado tantas veces esa frase, sin embargo nunca se la había dicho a otra persona. Él me volteó a ver desconcertado, así que continué:
Yo tenía una gran esposa – dije con más certero –, y... y habría hecho cualquier cosa por ella...
Cuando dije esto, supe que al fin nos había alcanzado la realidad. Los ojos de Efrén se enrojecieron humedeciéndose. Yo me puse nervioso al no saber si había empeorado las cosas y al mismo tiempo mi aflicción por lo que me pasaba me hacía perder el suelo. Quise decir algo, pero no pude. Comenzó en mí la sensación de abandono y el dolor más grande que he padecido, como si todos los dolores de mi vida que se habían quedado enterrados, se juntaran y punzaran en ese instante en un lugar preciso de mi estómago hasta mi garganta. Después de eso, ya no podría evitar pensar en las mentiras que me había hecho sobre mi matrimonio, ni podría aferrarme al trabajo o a la indiferencia. Efrén se acercó a
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