LETRINA
Número 8
Septiembre 2016
suizo. Había sido construida así por exigencia de su antiguo dueño.
Era grande y se veía conservada, aunque el jardín se encontraba crecido
y repleto de hierbas malas.
Se quedó sin dueño. He pensado en comprarla, dijo Efrén. Iba a
preguntar, cuando me percaté que se disponía a explicarme. Ahí vivía
un coleccionista, un huai –no reconocí el significado de la palabra,
pero no quise interrumpir– con miles de piezas simbólicas de todas las
religiones y que se hacía pasar por un foráneo ejemplar. Sabíamos que
había algo raro en él, pero no quisimos dejar que nuestro escepticismo
nos hiciera mostrarnos prejuiciosos. Cuando Efrén se expresó de ese
modo, haciendo referencia a que él