LETRINA
Número 8
Septiembre 2016
estaba el militar con el que vi a Efrén en la cena-fiesta, ahora
vestido con una camisa de manga corta que dejaba ver varias cicatrices
en sus brazos y que al parecer se extendían hacia su cuerpo. Era tan
alto como Efrén, sin embargo no lo había notado, tal vez por su
complexión más robusta. Sin duda aquel hombre había ido ahí para verme.
Me hice el desentendido y seguí mi camino. Al llegar a la recepción
del hotel, recordé por vez primera desde mi llegada el sueño que
comentaba el hombre de mejillas rosadas.
Subí a mi habitación, me bañé y me vestí del modo que consideré más
neutral, por si íbamos a un lugar un tanto refinado o más casual. Me
pareció
vergonzoso
llamarle
a
Efrén
para
preguntarle
cómo
debía
vestirme. Si yo no atinaba, la responsabilidad sería suya por no poner
en contacto a nuestras respectivas secretarias.
Cuando bajé, Efrén ya se encontraba en el Lobby y por primera vez
estaba vestido con otra ropa que no era traje de diseñador. Se veía
más joven. Eso y el toque informal me dio más confianza.
Me
saludó
y
de
inmediato
me
dijo
que
debíamos
apresurarnos.
Caminamos a la puerta del hotel y en esta ocasión no traía el Mercedes
sino un convertible. A unos metros pasaron dos mujeres recién salidas
de la adolescencia y nos saludaron.
Les gustas. Me dijo Efrén. ¿Por qué dices eso, si al que ven es a
ti? Le pregunté. Así son las cosas aquí. Así se sienten más seguras...
Es su modo de acercarse a ti. No comprendí bien lo que quiso decir y
subí al auto. Miró su reloj y dijo que se estaba haciendo tarde.
Arrancó y aceleró, pero tuvo que frenar de inmediato cuando una
camioneta de la perrera se cruzó en el camino. Efrén se hizo una herida
fina con la piel del volante, como cuando uno se corta con una hoja
de papel, y la sangre manchó su mano. Le di mi pañuelo y apretó su
dedo, luego perdió los estribos y realmente enfadado le gritó al otro
chofer. Ese acto me reconfortó, como si al fin comprobara que de verdad
corría sangre por su cuerpo.
En el camino pasamos frente a una cabaña que se asemejaba a un chalet
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