LETRINA SEPTIEMBRE Corregido | Page 59

LETRINA Número 8 Septiembre 2016 estaba el militar con el que vi a Efrén en la cena-fiesta, ahora vestido con una camisa de manga corta que dejaba ver varias cicatrices en sus brazos y que al parecer se extendían hacia su cuerpo. Era tan alto como Efrén, sin embargo no lo había notado, tal vez por su complexión más robusta. Sin duda aquel hombre había ido ahí para verme. Me hice el desentendido y seguí mi camino. Al llegar a la recepción del hotel, recordé por vez primera desde mi llegada el sueño que comentaba el hombre de mejillas rosadas. Subí a mi habitación, me bañé y me vestí del modo que consideré más neutral, por si íbamos a un lugar un tanto refinado o más casual. Me pareció vergonzoso llamarle a Efrén para preguntarle cómo debía vestirme. Si yo no atinaba, la responsabilidad sería suya por no poner en contacto a nuestras respectivas secretarias. Cuando bajé, Efrén ya se encontraba en el Lobby y por primera vez estaba vestido con otra ropa que no era traje de diseñador. Se veía más joven. Eso y el toque informal me dio más confianza. Me saludó y de inmediato me dijo que debíamos apresurarnos. Caminamos a la puerta del hotel y en esta ocasión no traía el Mercedes sino un convertible. A unos metros pasaron dos mujeres recién salidas de la adolescencia y nos saludaron. Les gustas. Me dijo Efrén. ¿Por qué dices eso, si al que ven es a ti? Le pregunté. Así son las cosas aquí. Así se sienten más seguras... Es su modo de acercarse a ti. No comprendí bien lo que quiso decir y subí al auto. Miró su reloj y dijo que se estaba haciendo tarde. Arrancó y aceleró, pero tuvo que frenar de inmediato cuando una camioneta de la perrera se cruzó en el camino. Efrén se hizo una herida fina con la piel del volante, como cuando uno se corta con una hoja de papel, y la sangre manchó su mano. Le di mi pañuelo y apretó su dedo, luego perdió los estribos y realmente enfadado le gritó al otro chofer. Ese acto me reconfortó, como si al fin comprobara que de verdad corría sangre por su cuerpo. En el camino pasamos frente a una cabaña que se asemejaba a un chalet Página 59