LETRINA LETRINA # 9 Septiembre - octubre 2013 | Page 29

de que le había hablado al oído. Se levantó, salió y caminó hacia el jardín de su casa, mirando el ocaso, vio que alguien pasaba casi frente a él, intentó enfocar con su vista deslumbrada hacia ella y pudo distinguir que era la mujer del bar, la que lo miró desde la calle y la de sus sueños, así que él corrió hacia ella, le miró como intentando ver su rostro sobre su velo, pero fue inútil; pues era demasiado grueso. La mujer le sonrió y le dijo: -¿Qué tal señor, cómo ha estado? Éste, sin responderle, tocó su mejilla por debajo del velo, sintió una piel sumamente fría, no sabía por qué, retiró su mano rápidamente y dijo: -Señora mía, le exijo que me explique quién es usted... ¿Es usted la mujer que todos los hombres esperamos a que llegue para visitarnos en esas noches de extrema soledad, mientras estamos recostados en nuestras gigantescas camas? ¡Dígame... si es usted la muerte! ¿Por qué me castiga de esta manera? ¡Maldita! ¡Maldita muerte! La mujer enfocó su rostro hacia él y con una voz grave le dijo -Por eso te dejó tu mujer, porque eres un malagradecido con las personas que te hemos apoyado en los peores momentos de tu vida, así me pagas cuando yo he velado tus sueños, pero no seas injusto conmigo, lo único que he hecho es estar contigo, yo no te he abandonado como lo hizo tu esposa, tu hija, tus amigos y toda esa gente que en algún momento te rodeó, que te tendió la mano y cual perro rabioso se las mordiste por estar conmigo, tú dependes tanto de mí como yo de ti, tú dejaste todo por estar conmigo y ahora me maldices... ¿Acaso no te das cuenta de quién soy? 29