LETRINA LETRINA # 9 Septiembre - octubre 2013 | Seite 28
hubiera estado sentado en él toda la noche. Pero no le dio mucha
importancia hasta que observó una silla que se encontraba frente al
sillón en donde él estaba. Sobre la silla había un velo blanco justo
como el de aquella mujer que lo miró y señaló la noche anterior.
Exaltado, nervioso, angustiado y con una sensación de náuseas, que
no entendía si era por la resaca o por la incertidumbre de no saber
quién era esa mujer, cómo había entrado y qué era lo que quería de
él. Se levantó, tomó el velo en sus manos y se dirigió hacia el bar.
Al no ver a nadie en el bar, entró para tomarse un trago y averiguar si
el cantinero le podía dar información sobre aquella mujer con la que
había bebido hacía ya varias semanas, entró, y al verle el cantinero
le lanzó una sonrisa sarcástica, no entendió de qué se trataba, se
sentó en el mismo lugar que la última vez y pidió una cerveza. El
cantinero le vio y le dijo mientras le servía la cerveza: -Pensé que
ya no regresaría desde aquel día. Dudoso preguntó: -¿Por qué no
habría de hacerlo? -Porque ya no había vuelto, parece que había
visto un fantasma aquella noche. Se tranquilizó un poco y respondió:
-Pues casi,¿no me diga que no parecía un fantasma aquella mujer
con la que bebí esa noche? El cantinero se burló de él, pero vio su
rostro de angustia, y éste le respondió:-¿Cuál mujer señor? Usted
me pedía que le sirviera a una persona, que suponía estaba a su
lado, pero a su lado no había nadie. De pronto se levantó usted,
aventó unas monedas y salió llorando. ¿Tiene problemas con la
bebida señor? Sorprendido por la respuesta y sin decir más nada,
tomó un último trago, pagó y se fue.
Llegó a su casa, sin entender lo que pasaba, ni qué interpretación
darle a lo que el cantinero le comentó. Decidió sentarse en el sillón
y comenzó a recordar a esa mujer que le causaba tan fuerte jaqueca.
El sueño le ganó, el dolor le era muy intenso y estaba desgastado
por esos 0