LETRINA LETRINA # 9 Septiembre - octubre 2013 | Page 27
de vino que le sirven y ¿no buscándola, en donde en verdad la puede
encontrar?
-Pero ahora que usted se mostró ante mí, me hace pensar que ya no
buscaré una amistad en cada vaso de vino que me sirvan. Espero
usted no sea una decepción más en mi vida y que se muestre ante mí
como la mujer que me ha hecho pensar que es...
-¿Quién piensa que soy?
-¡La mujer de la muerte, claro está!
La extraña mujer no contestó nada ante tal respuesta. Pero él sintió
una terrible culpa acompañada de una sensación que le enfrió el
cuerpo casi en su totalidad, y el mismo sentimiento cuando vio partir
a su mujer e hija lo envolvió, sin permitirle decir algo. La mujer se
levantó y sin despedirse ni voltear a verlo, se retiró. Y otra vez se
encontraba solo.
Una noche en su casa estaba bebiendo, llevaba ya varias horas
haciéndolo, sintió la necesidad de ver gente, así que se levantó de
su sillón y se dirigió hacia la ventana, abrió la cortina y miró hacia
afuera, vio que había una mujer, con el rostro cubierto por un velo
blanco, el cual no le permitía distinguirla, y un vestido negro, que
le hizo recordar a la mujer del bar. Estaba en la acera de enfrente,
viendo hacia su casa, justo hacia la ventana desde donde él le miraba.
Él se paralizó, pues le era todo muy confuso. La mujer lo señaló
con su mano izquierda y caminó de prisa hacia su lado derecho,
haciendo que él la perdiera de vista.
Confundido, nervioso y aún sin poder comprender qué había pasado,
se dejó caer en el sillón, tomó un par de copas y se quedó dormido con
la extraña sensación de que era vigilado por alguien. Al día siguiente
se despertó con una fuerte resaca, recordaba lo que había pasado
en la noche pero creía que era una mala jugada de la bebida.
Estiró sus brazos, uno de ellos tocó el asiento que se encontraba
al lado de donde él estaba sentado, lo sintió tibio; como si alguien
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