LETRINA LETRINA # 9 Septiembre - octubre 2013 | Página 26

delgado, su piel tan blanca como una hoja de papel, portaba vestido negro y un sombrero con un velo que le cubría el rostro; así ella llegó a la silla vacía que estaba junto a él, en la barra del bar. Pidió una copa y mientras se la bebía sintió que la miraban de una forma inquisidora, dejó su copa sobre la barra y lo miró, y él le dijo: -Disculpe usted, pero a juzgar por su aspecto, cualquiera podría pensar que es usted la señora de la muerte. Ella regresó la mirada hacia su copa, con una pequeña sonrisa dibujada en esos labios caídos, bebió y contestó: -Gracias por el cumplido. Lo volvió a mirar y dijo: -Parece que usted es un pobre vagabundo, que tuvo la dicha de conseguir unas cuantas monedas y decidió venir a beber un par de copas, prefiriendo así la bebida a un poco de comida. Éste le sonrió y le dijo al cantinero: -¡Sírvale a la señora las copas que quiera y de lo que quiera, yo pagaré por ella! Después de un rato de esos silencios incómodos que a él le molestaban bastante decidió hablar: -Y usted... ¿por qué viene a tomar unos tragos, en un lugar tan inapropiado para la muerte? -Se equivoca. Respondió ella y continuó. -Pues aquí es en donde más trabajo hay para tan despiadada profesión. ¿No le parece? -¿Despiadada? Más bien diría que es el trabajo más noble, para esa mujer que vaga sola por el mundo. -Me parece que usted está buscando a esa mujer, para salvarla de su terrible soledad o ¿me equivoco? -La vida misma me hizo así. Soy una persona que juzga por la apariencia y si la encontrara yo sería el primero en sacrificarme para que ella no sufra de esa enfermedad. -Es sencillo cuando uno le echa la culpa a la vida, pero no vemos cómo es que nosotros la tratamos, cómo la trata usted. Y ¿por qué terminó aquí?, como buscando a un amigo en cada vaso 26