El dueño del mundo
O
bservaba la ciudad desde la torre más alta de Dubái, desde
aquella altura la ciudad parecía tan pequeña y tan lejana, la
suite en la que él se encontraba, la más lujosa, lo parecía más. Él, era
el gran burgués, el banquero internacional, el petrolero más grande,
el dueño del mundo. Él, escribía la historia y la reescribía a su gusto, si algo no le gustaba o no le convenía bastaba con que dijera “eso
nunca pasó” y desde entonces nunca había pasado y nadie lo recordaba, incluso aquello que no había pasado, decía, “así pasó” y todo
el mundo lo creía de esa manera. Él podía crear y destruir ciudades,
familias, pueblos, personas, su poder era ilimitado, cualquier cosa
que quería la obtenía, sus bodegas estaban llenas de oro, sus placeres eran únicos, pocos o ningún hombre los había probado, mas el
único que él necesitaba era el del poder. Disfrutaba dejando países
enteros en ruinas, creando crisis, haciendo ídolos nuevos todos los
días y luego destruyéndolos. Él, era el mayor ídolo de todos, uno
que todos obedecían ciegamente, sin saber que lo hacían, un líder
detrás de las cortinas, sometiendo la voluntad de millones a la suya,
su poder no conocía límites, arriba de él, sólo Dios.
Observaba el mundo, lo sentía distante, sentía como se alejaba, el
mundo que era suyo, su propiedad, se volvía cada vez más lejano,
un mundo que nunca fue suyo, que sólo podía observar de lejos,
que no podía tocar, oler, sentir, un mundo que existía independiente de él, con él y sin él, un mundo que no lo necesitaba, lo creyó
siempre suyo, bajo su control. Se dio cuenta que no podía controlarlo, que nunca había sido suyo, que su percepción lo engañaba,
que la humanidad lo engañaba, alguna vez pensó que era importante, ahora se daba cuenta de que él, era solo una pieza más dentro de
aquel sistema que utilizaba a todos, que se burlaba de todos, desde
el gran burgués hasta el vagabundo más pobre. Dejó de sentirse
poderoso, la fuerza abandonó sus piernas, su vista se volvió borrosa, “ una pieza más”, pensó, una de las millones que daban forma a
la enorme maquinaria, al final no era diferente de todos los demás,
era la pieza más alta, y aun así, reemplazable, desechable, se sintió
humano, sintió que era igual a todas las personas a las que miraba
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