En el silencio me aprisionas, la agonía llora.
Pero no es mi esencia la que está cautiva en tal tortura,
sin ni una salida, tú a la orilla de la melancolía, y al borde de tu
propia existencia...
el tiempo hace de ti lo que nunca me atreví a decir.
Sin compasión, te marchita dejándote olvidado en las aguas naufragando,
con añoranzas de volver a vivir en algún sueño realizado.
Celeste Zulema Reyes Rojas / Escuela de lengua y Literaturas Hispánicas / Primer semestre
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