5:00 P.M.
Desde ahora confieso que me atan y me desatan las cuerdas de las
noches...
y que las mensajeras de las muertes derraman.
Derraman mis ilusiones apagadas debajo del asfalto.
He percibido que mis suspiros suben, cual espíritus, a cada flor de
jacaranda.
Pero también el vacío.
El vacío de mi vientre también se anida dentro.
Es cierto que las plazas son tan espaciosas,
más grandes que los mares y los cielos,
y que el sol es un suplicio insoportable:
un tirano que desgasta todo lo que ilumina,
ya que vivir es esta angustia interna
que se construye a pedacitos.
Y es que, soy pequeña.
Y es que, soy débil.
Y no tengo cerca un regazo dónde recostarme.
Ni abrazos largos... largos... largos...
Ni cielos limpios; ni amplios, verdes, pastizales.
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