LETRINA LETRINA #6 Marzo - abril 2013 | Page 37

cargados de misterio. Pero sintió un aturdimiento intenso cuando el autor, un hombre maduro, de unos cincuenta años, con una apariencia de científico descuidado que se niega a envejecer, leyó poemas que él mismo escogía de su libro. Esos poemas son mis palabras, pensó ella, son mi lengua, son mi imaginación rediviva, el espejo en el fondo del abismo que me devuelve una imagen que ni siquiera yo adivinaba. Era la palabra que se metía en sus entrañas convertida en antorcha y en serpiente. -Vi cómo me veías cuando estaba leyendo - le dijo el poeta en el momento en que ella se le acercó para que le pusiera una dedicación al libro. -Sentí como si estuvieras interpretando todo lo que yo hubiera querido decir en todos los años que tengo de vida- le dijo ella. - ¿Como si fuera el vocero de tu corazón? -¡Sí!- exclamó ella. - Tengo muchos más sólo para tus oídos- le dijo él, con provocación. - ¿Más qué?, preguntó ella, siguiendo el juego. - Más versos- contestó él, mirándola a los ojos - versos secretos. Abrió el libro al azar y escribió en el margen blanco de la página un número. - Es de mi celular- le dijo él -. Llámame cuando te atrevas, cuando estés lista, y nos vamos por allí a hacer una fiesta de la palabra, con la palabra. El poeta tuvo que atender a otros del público que recla38