libros de poesía. Aquello fue una experiencia mucho más
intensa. Con las novelas ella se metía al mundo de los
personajes y padecía y gozaba con ellos las vicisitudes de
la vida, de esa vida. Con la poesía era como una incursión
a su interior, un viaje lleno de pulsiones que se incendiaban con intermitencias y le prendían fuego a todo su ser.
Era el conocimiento de la llama, la experiencia directa de
ser fuego y luego cenizas, polvo gris que se lleva el viento
hasta otra hoguera gigante para que todo vuelva a ser. Un
fuego que le encendía los sentidos pero que le daba sosiego. Era a fin de cuentas la explosión de la vida y la calma
clara del sueño en toda su plenitud.
Una mañana lluviosa llegó su compañera de trabajo hasta
su escritorio y le entregó entusiasmada la invitación. Era
para la presentación de un libro de poesía. Mi esposo
conoce al autor, le dijo, así que podremos abordarlo con
calma para que nos autografíe su libro y luego lo acompañaremos en el brindis y en la cena que se le va a ofrecer.
Ella hizo todos los arreglos que se necesitaban para que su
hijo llevara ese viernes a su marido al hospital. Se vistió
como si se tratara de una cena de gala. Estás hermosa, le
dijo su amiga cuando la recibió en el salón y se encaminaron juntas a tomar asiento en primera fila. Ella no entendió lo que se dijo en la mesa sobre la poesía y sus signos
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