LETRINA LETRINA #6 Marzo - abril 2013 | Page 38

maban también su firma. Ella se alejó de él con el libro abrazado sobre su pecho, como si se tratara de un pedazo de la vida que siempre quiso tener y que ahora se le ofrecía como un regalo intempestivo. Su amiga se le acercó y le preguntó sobre esa expresión de maravilla que traía en el rostro. Ella se lo dijo. - ¿De verdad?- le preguntó su amiga. - ¡Sí! - exclamó ella-. No sé cómo tomarlo. - ¿Cómo que no sabes? Tómalo sin dudar y no lo sueltes porque se te va. - ¿Qué quieres decir? - le preguntó ella. - Ay, mujer, es la oportunidad para que salgas de esa prisión en la que te ha metido tu marido, para que vuelvas a ser tú en toda tu plenitud, o una mujer nueva, que siempre podemos sorprendernos de nosotras mismas. Fue como una fiebre que la mantuvo en un estado de inconsciencia parcial. Le parecía que veía a la gente, al mundo terrenal, desde una niebla que no le pertenecía. Era una experiencia que disfrutaba mejor durante la noche, cuando se encerraba en su cuarto a leer y tenía la oportunidad de dejarse llevar por esa nube que le oprimía el cuerpo y le liberaba los sentidos. Una noche en que la lluvia se había apoderado del mundo y no dejaba escuchar sino el estruendo del agua estrellándose contra los techos y las calles, contra las soledades negras, ella se atrevió y le envió el mensaje: "Estoy lista". "¿Quién eres?", fue la respuesta. "Soy a la que le dijiste que eres el vocero de su corazón". "¿Cuándo te dije eso?" "El viernes de la semana pasada, en la presentación de tu libro". "Me he de haber sentido muy solo ese día. Eso hago cuando me 39