LETRINA LETRINA #6 Marzo - abril 2013 | Page 28

Y Dea se paró del suelo y se sentó en la cama y se prendió un cigarrillo. Porque ya nada servía. Ya nada podía acercarlas a esa llama, a ese espacio incendiario de deseo; ya nada podía tenerlas juntas sin empezar a decir o pensar pendejadas. Y ella le cruzó los brazos por encima de los pechos. —Te necesito. —Yo no. Se acostaron a la cama y las dos se habían dado cuenta de que era la última. Y Dea le pasó el cigarrillo y pensaron en morirse. Y se levantó de la cama y la sangre le salía del culo y le escurría por los muslos, y ya no podía hacer nada sino imaginar, imaginar el futuro sola, enfrentada a la miseria y a la soledad como una mascota en una tienda viendo un par de niños del otro lado de un cristal. Sabía que ya no eran jóvenes, que ya había pasado su tiempo. Sabía que las dos estaban condenadas, en fin, sabía que era la última vez, por eso lloraba en el baño, en silencio. Se limpió con la toalla y se puso los calzones. El azulejo del baño estaba fr