LETRINA LETRINA #4 Noviembre - diciembre 2012 | Page 33

Observas con mayor atención y notas que no es la gente, sino las calles lo fluyendo, como si fueran ríos bajo los pies de personas solitarias, grises, se mueven siempre en línea recta, pero no fluyen. Ves el fluir de las calles cubiertas de hojas secas sobre el espejo; notas que ya no hay gente o es tan diminuta que las hojas la tapan. Sabes que ya es tarde. Piensas en el enfermero y decides ayudarlo a sostener el espejo, pues ya estará cansado y hasta entumido. Levantas tus brazos sin tanto esfuerzo y piensas que quizá tu rara enfermedad no es tan grave, pues ya estás recuperando el movimiento mucho antes de lo que todos esperaban. Sostienes con firmeza el espejo, lo mueves buscando la cara del enfermero para agradecerle, y poco a poco aparece el reflejo de un cráneo, una calavera. Sabes que ya es tarde. Continúas el movimiento del espejo para mirarte de frente; tu cara es un globo azul de gas que, luego de mirarse en el espejo, ves salir por la ventana sin vidrio.